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Educación

Universidad Nacional de Colombia Sede de La Paz cumple 7 años ampliando el acceso a educación superior en el Caribe

    Seis programas de pregrado, 9 grupos de investigación, 31 semilleros y más de 2.600 jóvenes vinculados mediante estrategias de acceso hacen parte del balance de los primeros siete años de funcionamiento de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede de La Paz, creada para ampliar las oportunidades de educación superior pública en el Caribe colombiano.

    Creada en 2017 e inaugurada en 2019, la Sede cumplió el 19 de agosto siete años de funcionamiento, respondiendo a una deuda histórica: democratizar el acceso a la educación superior de alta calidad en el Caribe colombiano. Desde un campus de 50 hectáreas, su presencia busca acercar la formación universitaria, la investigación y la extensión a un territorio marcado por profundas brechas sociales y por los desafíos de la construcción de paz.

    “La Sede de La Paz es la más joven de todas las sedes, cuyo desarrollo ha dependido del trabajo mancomunado de cada uno de los actores de la comunidad universitaria. Su creación y consolidación son una muestra de la presencia del Estado en regiones donde el acceso a la educación ha sido tradicionalmente complejo”, menciona el profesor Jimmy Vargas, vicerrector de la Sede.

    Parte de esa apuesta se refleja en una oferta académica pensada para responder a necesidades del territorio. La UNAL Sede de La Paz ofrece seis programas de pregrado: Biología, Estadística, Geografía, Gestión Cultural y Comunicativa, Ingeniería Biológica e Ingeniería Mecatrónica.

    A estos avances se suma el desempeño de sus estudiantes: la institución ocupa el primer lugar del departamento del Cesar en las pruebas Saber Pro, superando a las demás ofertas locales.

    A la fecha, se han graduado las primeras cohortes de profesionales de la región, entre las cuales se destaca la presencia de mujeres y jóvenes pertenecientes a comunidades étnicas de la Sierra Nevada de Santa Marta y la Serranía del Perijá.

    “La apertura de la Sede de La Paz es también una forma bonita de que la mejor Universidad del País, devuelva el conocimiento situado a estas comunidades que tanto lo necesitan. Estoy agradecida de estar acá y de la oportunidad que tenemos de hacer país desde el territorio”, aseguró la docente Melba Quijano.

    La investigación también ha ganado espacio durante estos siete años. La Sede cuenta con 9 grupos de investigación y 31 semilleros activos, además de participar en el Comité Departamental de Ciencia, Tecnología e Innovación (Codeccti), el Comité Universidad-Empresa-Estado (CUES) y mantener alianzas estratégicas con el sector intergremial.

    Ese trabajo ha trascendido las fronteras del país. Durante un intercambio académico y cultural, proyectos de investigación de estudiantes de Biología, Ingeniería Biológica e Ingeniería Mecatrónica fueron expuestos en instituciones alemanas como las universidades de Hannover y Kassel y el Instituto Tecnológico de Karlsruhe. Las iniciativas abordan el desarrollo de hidrogeles reforzados con nanofibras de celulosa para uso agrícola, el análisis del microbioma bacteriano en aguas residuales de Valledupar y la diversidad genética y cultural asociada con la yuca amazónica y su potencial agronómico y nutricional.

    En el territorio también avanzan investigaciones relacionadas con algunos de sus principales desafíos ambientales y sociales. Entre ellas se encuentran Protección, Conservación y Restauración del Territorio en torno al agua para la adaptación al cambio climático y la construcción de Paz Integral en los municipios PDET ubicados en la Ecorregión Sierra Nevada y Perijá, a cargo del docente Teddy Angarita Sierra, y Restauración del capital natural del páramo “La Sabana Rubia”, Serranía del Perijá, departamento del Cesar, dirigido por el docente Joan Zamara Abrego.

    Infraestructura acompaña el crecimiento de la Sede

    El crecimiento académico ha estado acompañado por la ampliación de la infraestructura universitaria. La Fase I cuenta con 16 aulas de clase, 4 aulas de informática y 4 especializadas en tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC).

    Su adecuación contempló una inversión de 79.000 millones de pesos e incorporó criterios de sostenibilidad, entre ellos el uso de energías limpias mediante paneles solares, el aprovechamiento de aguas lluvias para sistemas de riego y la conservación de flora y fauna en espacios de reserva natural del campus.

    La Fase II amplió esa capacidad con 3 bloques conformados por aulas-laboratorio de alta tecnología, aulas polivalentes, salas de estudio con capacidad para 300 estudiantes y un auditorio central. La infraestructura permite integrar formación teórica y práctica en áreas como inteligencia artificial, geomática y producción de sonido y televisión.

    En abril de 2025, la UNAL y el Departamento Nacional de Planeación (DNP) entregaron esta nueva etapa del complejo universitario, fruto de una inversión conjunta superior a los 88.000 millones de pesos.

    A estos espacios se suman nuevas áreas de Bienestar Universitario, entre ellas el restaurante estudiantil, dotado con un comedor con capacidad para atender a más de 500 personas simultáneamente, así como zonas flexibles para exposiciones, reuniones y actividades culturales y espacios de coworking destinados al trabajo individual y colectivo de estudiantes e investigadores.

    Acceso y permanencia acercan la Universidad al territorio

    La presencia de la Sede también se extiende más allá de su campus. Su estrategia de acceso ha llegado a 19 municipios de Cesar, Magdalena, La Guajira y Bolívar y ha vinculado a más de 2.600 jóvenes mediante ferias, visitas guiadas y jornadas de divulgación científica.

    El 29,9 % de los aspirantes ingresa bajo modalidades de admisión especial, dirigidas, entre otras poblaciones, a jóvenes de zonas rurales dispersas, víctimas del conflicto armado y miembros de pueblos indígenas locales.

    El acceso, sin embargo, es solo una parte del desafío. Para favorecer la permanencia, la Universidad implementa programas integrales de apoyo socioeconómico y subsidios de transporte, orientados a disminuir las barreras económicas que pueden afectar la continuidad de los estudiantes.

    Juan Pablo Márquez, egresado del programa de Gestión Cultural y Comunicativa, experimentó directamente estos apoyos: “Yo ingresé bajo el programa de Admisión Especial, como víctima del conflicto armado, no pagué el valor de la inscripción, la primera matricula fue gratuita y posterior a eso tuve apoyo de Bienestar Universitario en subsidios de alimentación y transporte. Cada uno de estos aportes hicieron mi experiencia académica mucho más agradable y me permitió culminar con éxito la carrera. Estoy muy agradecido”.

    Universidad aporta a la memoria y la construcción de paz

    Por las características históricas del territorio en el que está ubicada, la construcción de paz también forma parte del trabajo de la Sede. Creada en el contexto de las transformaciones sociales derivadas de los diálogos de paz, promueve el Laboratorio de Paz Territorial como un escenario para el encuentro, la memoria y el fortalecimiento del tejido social en una región golpeada por el conflicto armado.

    En este espacio convergen estudiantes, organizaciones comunitarias y firmantes del Acuerdo de Paz para dialogar y realizar actos simbólicos de memoria colectiva. También se desarrollan investigaciones basadas en las memorias construidas por las propias comunidades locales, que aportan elementos para comprender las causas y secuelas del conflicto en el Cesar.

    Otra de las articulaciones de la Sede es la RedPaz UNAL, una iniciativa que coordina esfuerzos curriculares e investigativos entre las diferentes facultades del país para apoyar procesos de reincorporación y transición hacia la paz en los territorios de influencia. Este trabajo se articula con la apuesta por descentralizar la educación superior pública y ampliar las posibilidades de que jóvenes de municipios afectados por la violencia construyan sus proyectos profesionales sin tener que trasladarse necesariamente a las grandes capitales.

    Siete años después de su puesta en funcionamiento, la Sede de La Paz pasó de ser un proyecto estratégico a consolidar una comunidad académica y científica que busca formar talento desde y para el territorio.

    Además, forma parte de la Acreditación Institucional de Alta Calidad otorgada a la Universidad Nacional de Colombia por el Ministerio de Educación Nacional, y sus estudiantes han obtenido reconocimientos deportivos y culturales en los Juegos Regionales Universitarios ASCUN.

    Así, sus primeros siete años muestran una Universidad que amplía el acceso a la educación superior pública en el Caribe y articula formación, investigación, bienestar, infraestructura y construcción de paz con las necesidades de la región.