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Ciudad y Territorio

Títeres, observadores de la vida callejera

    Un dispositivo móvil -carrito- en forma de títere de caracol, al cual se le adaptó una cámara frontal como tercer ojo, grabó sus recorridos por Bogotá en calidad de observador, en desarrollo de una investigación doctoral.

    Entre febrero y abril de 2021, títeres verdes, mucho más grandes que los convencionales, con ojos intercambiables y características similares a las de los habitantes de calle, se tomaron diferentes localidades de Bogotá con el objetivo de propiciar la interacción con esta población y entender las marcas que tienen estos ciudadanos.

    Esta iniciativa de investigación-creación se presentó a los Programas de Estímulo 2021 del Ministerio de Cultura y se enmarca en un proyecto de trabajo doctoral frente a experiencias callejeras de movilidad.

    La profesora Carolina Rodríguez Lizarrarle, estudiante del Doctorado en Ciencias Humanas y Sociales de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), explica que “este proyecto, financiado con recursos de Mincultura, se pregunta cómo las experiencias callejeras individuales y colectivas –a partir de movimientos, trayectorias y flujos entre cuerpos, lugares y objetos– marcan el espacio de calle en Bogotá, lo que ha significado una etnografía callejera que va entre lo teórico y lo empírico y cómo se va construyendo una narrativa etnográfica”.

    “Las derivas o trabajo de campo en la calle se realizaron con títeres creados por dos colegas docentes de cátedra de la Universidad de los Andes, etnógrafas callejeras y titiriteras y el objetivo era ver cómo estos objetos le aportan a la construcción de las ciencias sociales y de nuevos conocimientos a partir de esa observación realizada”.

    “Para el trabajo mezclamos lo humano y lo no humano –multiespecie– pensando en cómo los ‘habitantes de calle’ apropian la ciudad, como están expuestos a situaciones de segregación o exclusión, cómo viven y se reconocen como productores de la ciudad y cómo de alguna manera la calle marca los cuerpos, y estos a su vez van dejando huellas en esos espacios”, subraya.

    En esa fase del trabajo los títeres fueron los protagonistas: “son los etnógrafos que se construyeron y con los que interactuaron los habitantes de calle y los transeúntes, quienes desarrollaron la investigación a partir de su mirada objetual. Nosotras aparecíamos con estos cuerpos humanos, pero ellos eran los que desarrollaban el estudio y nos daban una mirada de las vivencias de estas personas”, señala la docente Rodríguez.

    El títere de caracol lleva un carro de mercado en la espalda, con bebidas calientes y galletas, pan o dulces, para compartir con los habitantes de calle.

    Se realizaron 12 derivas o salidas de campo en las localidades de Antonio Nariño, Usme, Santa Fe, Los Mártires, Chapinero, Kennedy, Teusaquillo y La Candelaria, en donde se registraron con audio, fotografías y videos (autorizados por los participantes) las conversaciones con los habitantes de calle, para recolectar la información sobre sus vivencias.

    “Nuestro reto inicial estaba en que ver si las personas estudiadas iban a interactuar con los títeres; teníamos temor de que los rechazaran, pero vimos que, por el contrario, para ellas era más fácil interactuar con los objetos móviles que con nosotras, que se abrían más contando sus experiencias de este modo y que desde esta corporalidad se establecían relaciones de confianza y juego con los interlocutores callejeros”, cuenta la docente.

    Títeres mutantex

    Con estas actividades se cumplió uno de los objetivos de la investigación: narrar las experiencias de calle desde procesos de creación artística, lo que representó la última fase del trabajo de campo.

    Dos de los títeres utilizados fueron los “mutantex”, “cuerpos ensamblados durante las derivas, ante la mirada o participación de los habitantes de calle. Tienen ojos diversos, partes intercambiables, color que se presenta como una forma de poetizar la diversidad y los tránsitos, y ropa del contexto callejero. En cada deriva se volvieron un personaje con nombre y personalidad, una metáfora de los tránsitos y transformaciones que realizan las personas callejeras para su supervivencia”.

    Leidy Parrado, una de las personas que confluyen en la calle y que trabajó en el proyecto, asegura que “fue una experiencia muy bonita participar e interactuar con los títeres, porque me identifiqué con los personajes. La gente en general, y yo misma, vi mi forma de vivir, mi 'parchar' en la calle a través de los títeres, es como una forma de verse a uno mismo y entender sus realidades”.

    Leidy, quien es cantante de rap, cuenta que se acercó a la experiencia porque le ofrecieron un tinto y un cigarrillo: “me gustó el proyecto y empezamos a ver cómo reaccionaba la gente en TransMilenio. Fue una experiencia muy bonita ver la interacción”.

    La socialización de estas experiencias se realizó en el edificio de Sociología de la UNAL y contó con la participación de estudiantes, docentes, artistas y los colaboradores callejeros, quienes cantaron, hicieron una muestra con los títeres y hablaron de manera dinámica sobre sus experiencias.

    “El proyecto de-ambulantes deja un camino abierto para transferir estos saberes artísticos y callejeros a las formas de intervención de las organizaciones e instituciones que abordan lo que en Bogotá se denomina como 'fenómeno de habitabilidad en calle', al tiempo que abre un camino a procesos investigativos sobre la calle en la academia […]. Ahora, con la finalización del trabajo en campo, en términos personales significa un gran reto recoger los aprendizajes en mi tesis de doctorado”, concluye la profesora Rodríguez.