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Medioambiente

Salvar los páramos es posible con mucha paciencia

  • El páramo de Chingaza es una de las principales reservas de agua para Bogotá. Fotos Cortesía GREUNAL

  • chingaza.flv

Restaurar los ecosistemas de páramos como el de Chingaza, en Cundinamarca, es posible. Experimentos de la UN demuestran que con la ayuda de vegetación foránea, las plantas locales se pueden propagar.

Un grupo de estudiantes de la Maestría en Biología, en la línea de Ecología, desde hace dos años adelanta experimentos para determinar la forma como se puede restablecer la vegetación original del páramo de Chingaza.

Allí, los frailejones (género Espeletia) y el chusque (conocido como bambú de páramo) han perdido terreno por el avance de la frontera agrícola y la ganadería. Estas plantas son parte del sistema natural que permite captar agua y hacer que los páramos sean "fábricas" del vital líquido.

La tarea no ha sido fácil, según afirma la joven bióloga Jennifer Insuasty, debido a que los cambios drásticos del clima han afectado tanto a los experimentos como a los ciclos naturales del ecosistema.

"En la actualidad falta mucho conocimiento de la ecología básica de los páramos para poder llegar a plantear un tratamiento que pueda ayudarlos. Lo que hago es seguir el crecimiento del chusque después de unos disturbios que se realizaron, que fueron de corte y quema controlada, para ver cómo era la respuesta", explica Insuasty.

La investigadora observó que cuando se cumplen los ciclos climáticos normales el chusque responde bien, pero cuando llegan temporadas secas, la planta sufre mucho más que el frailejón.

Óscar Rojas, también del Grupo de Restauración Ecológica de la UN, asegura que su papel es crear una estrategia de reubicación de especies vegetales nativas para recuperar los sitios del páramo que están más degradados. Son sitios en los que no hay generación de semillas y retoños, por la escasez de vegetación autóctona.

"Lo que hago es llevar plantas de lugares que están medianamente conservados a áreas disturbadas para que se restablezcan y puedan propiciar nuevos procesos, o sea, se dé la restauración. Lo estoy probando con dos especies importantes de los páramos secos que son la Agrostis de alta montaña (un tipo de pasto) y los frailejones", dice Rojas.

Hasta el momento, la estrategia ha dado buenos resultados, debido a que las parcelas experimentales en sitios degradados comienzan a parecerse al páramo original.

Óscar asegura que los procesos de restauración en este tipo de ecosistemas son lentos, por lo que las investigaciones son de largo aliento. Además, hay que aprender a adaptarse al cambio climático, ajustando las metodologías de investigación y los experimentos.

Entretanto, la bióloga Pilar Angélica Gómez hace los experimentos de calidad del suelo del páramo. "Primero analizo cómo se comporta el suelo después de la remoción mecánica de la vegetación y de los pastos que había en el potrero. Luego, se adiciona suelo proveniente de las áreas que consideramos sin disturbio. Por último, analizo las interacciones de las plantas, para buscar ejemplares juveniles".

Gómez asegura que uno de los métodos para permitir que los trasplantes de plantas nativas funcionen es la siembra de una especie atípica en los páramos llamada Lupino bogotensis, que es un buen fijador de nitrógeno en la tierra, lo que ayuda a las plantas nativas vecinas a establecerse bien en las parcelas experimentales.

"Se ha visto un cambio en la composición de las especies y ya están comenzando a llegar algunas nativas, ya sea por dispersión aérea de semillas o porque han logrado establecerse en los micrositios que se crearon", dice Pilar Angélica Gómez.

Hasta ahora, se ha logrado la supervivencia del 80% de las plantas que fueron reintroducidas. Los tres jóvenes investigadores del Departamento de Biología coinciden en que su trabajo es un aporte que debe ir respaldado por diversas instituciones públicas y privadas, debido a la fragilidad de los páramos.

En el caso del de Chingaza, la preocupación radica en que este lugar es uno de los mayores reservorios de agua para Bogotá, por lo que la responsabilidad de cuidarlo es de todos.