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Artes y Culturas

Restauración sostenible daría nueva vida a antiguo molino de Facatativá

    Zonas de esparcimiento al aire libre, mercados itinerantes, espacios culturales y huertos permitirían que el Molino San Carlos, considerado como patrimonio industrial del municipio, pueda ser rescatado de su actual estado de deterioro.

    El edificio del antiguo Molino San Carlos, donde funcionaba desde la segunda década del siglo XX un molino de trigo y una planta termoeléctrica, es un bien cultural de Facatativá (Cundinamarca). Hoy se conoce como Molino San Carlos.

    Tatiana Parada Moreno, magíster en Conservación del Patrimonio Cultural Inmueble de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), menciona que a pesar de su uso actual como terminal de transporte del municipio, lo cual acelera su deterioro, “el Molino sigue siendo un referente para los facatativeños puesto que forma parte de la historia del lugar y de su desarrollo productivo, razón por la cual se puede clasificar en la categoría de patrimonio industrial”.

    Destaca además que las estaciones de ferrocarril, la fábrica de levaduras Fleishman y el Molino San Carlos forman parte de la corta lista de patrimonio industrial de Facatativá.

    Teniendo en cuenta la importancia de estos espacios, la magíster desarrolló una propuesta de restauración para este edificio histórico del Molino San Carlos.

    Al respecto, indica que el objetivo “es que se puedan reforzar sus valores culturales y potenciarlo con un uso de elementos que brinden sostenibilidad ambiental y económica tanto para la zona como para sus propietarios”.

    “De la construcción me llamaron la atención los rasgos históricos de su fachada y el diseño de las ventanas. Por ser un inmueble privado, el mayor reto fue considerar que la inversión es más alta, pues se debía conseguir que el proyecto fuera viable económicamente para sus propietarios”.

    Mercadillos, teatro y huertas

    La propuesta de la magíster se centra en la sostenibilidad ambiental y económica. Para ello contempla la implementación de un mercado local, mediante el cual se vendan productos que provengan de los productores del municipio y de zonas aledañas.

    “Además propongo diseñar talleres para elaborar huertas que produzcan vegetales orgánicos”.

    Teniendo en cuenta que este lote tiene grandes zonas libres, también propone que esta zona sea el “remate” de un eje ambiental que atraviese el municipio, pero que se corte con el paso de la quebrada.

    “La idea es que se genere un puente entre ese eje ambiental hasta el lote, por lo que la gente llegaría directamente a los mercados itinerantes y los huertos”, describe.

    Alrededor del edificio se crearían espacios para el desarrollo de actividades como teatro al aire libre o juegos.

    Para el ala más pequeña propone espacios para hacer actividades propias del sitio, como un salón comunal grande que se pueda alquilar para reuniones o fiestas, con el fin de que esto genere un ingreso económico para el propietario, además de tres locales de café y restaurantes que generarían actividad alrededor.

    Pese a las soluciones que representaría esta propuesta, la investigadora señala que el proyecto presenta una dificultad en general relacionada con los recursos y la viabilidad, sobre todo por tratarse de un bien privado.

    En el Decreto 069 de 2002, por medio del cual se adopta el Plan de Ordenamiento Territorial (POT) del municipio, el edificio del antiguo Molino San Carlos se declaró como “Inmueble de interés patrimonial de valor arquitectónico”.

    Hoy el Molino es propiedad de una familia que en 2012 le arrendó el predio a una de las compañías de transporte de pasajeros, con autorización de la Alcaldía, para la operación del despacho de servicios de transporte intermunicipal provenientes de Bogotá.