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Salud

Relación temprana con el bebé mejoraría su desarrollo emocional

    Por medio del curso virtual “Aprendiendo a entender a mi bebé”, padres y madres primerizas lograrían tener mayor interés y curiosidad sobre la experiencia subjetiva de su bebé, intentar conocer lo que le gusta, desea, necesita o lo que siente, fortaleciendo la crianza respetuosa y la prevención del maltrato infantil.

    Estos fueron algunos hallazgos de la investigación de la psicóloga Laura Matilde Rivera Rodríguez, magíster en Psicología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), quien buscaba darles herramientas a los padres primerizos para establecer relaciones más sanas con sus hijos, y ante todo para que apoyen su desarrollo emocional, incluyendo un apego seguro.

    “En psicología clínica se ha estudiado la importancia de las primeras relaciones del ser humano, y se ha encontrado evidencia de que las relaciones entre cuidadores e infantes son fundamentales para toda la vida adulta, pues pueden generar efectos positivos o negativos en el manejo de las emociones propias, en cómo se relacionará con otros y cómo espera ser tratado por otros. Este tipo de intervenciones ayudan a promover relaciones positivas desde la primera infancia con sí mismo y otros, a través del trabajo con cuidadores”, advierte.

    La investigación de la psicóloga se dio en dos fases, la primera de ellas en el diseño de una intervención virtual creada para ser utilizada de manera asincrónica o autodidacta, es decir, los padres y madres entraban a una plataforma en modo autónomo y tenían acceso a videos y materiales del curso “Aprendiendo a entender a mi bebé”. Para diseñarlo se hizo una revisión de la literatura y de intervenciones que se han hecho anteriormente.; mientras que en una segunda fase se evaluó el impacto de esa intervención sobre la Función Reflexiva Parental o mentalización parental, es decir sobre la capacidad para entender el mundo mental subjetivo del bebé.

    Al estudio se inscribieron inicialmente 400 personas, 42 de las cuales quedaron seleccionadas tras cumplir con los requisitos establecidos para la investigación. Eran padres y madres con una edad promedio de 34 años, la mayoría de Bogotá con escolaridad alta, de grado universitario y posgrado.

    “Mi investigación está centrada en la mentalización, que se  trata de una habilidad que todos tenemos, de atribuir estados mentales a la otra persona, por ejemplo, sentimientos, pensamientos, y emociones, y lo hacemos cotidianamente, como asumir que una persona está molesta, si su expresión lo refleja, interpretamos qué le pasa a esa persona por la cabeza al observar su comportamiento. En ese sentido, mi trabajo de grado trata sobre cómo los cuidadores atribuyen estados mentales a su bebé y qué tanto lo hacen, ya que de acuerdo a eso van a desplegar o no  conductas precisas de cuidado, también a fomentar o dificultar el desarrollo emocional de sus bebés”.

    Relacionamiento con otros, fundamental

    Durante los primeros días y meses de vida, los bebés experimentan cambios a nivel físico, en habilidades motoras, en el lenguaje, pero también en el conocimiento del mundo y en la forma de relacionarse con las otras personas. También tienen un desarrollo en sus emociones, la alegría, la rabia, tristeza, entre otras, son reacciones fisiológicas naturales que deberán aprender a reconocer, tolerar y regular.

    Sin embargo, al no contar con el lenguaje para entender y expresar esas emociones, lo hacen a través de respuestas no verbales ante diferentes estímulos, por lo que una de las metas más importantes durante el desarrollo será lograr la regulación de las emociones, que juega un papel importante para un desarrollo sano y equilibrado.

    “Es normal observar que incluso los niños más grandes, de 2, 3 o 4 años aún están aprendiendo a manejar las emociones, y suelen aparecer lo que conocemos como ‘rabietas’. Allí lo que ocurre es que tenemos a un niño que tiene rabia por alguna razón, pero que no ha aprendido a controlarla o tolerar y a expresar de manera adaptativa, como lo suele hacer un adulto, por lo que requerirá de un regulador externo, de un cuidador que le ayude a conocer y regular sus emociones”.

    Según la  magíster, se espera que con el tiempo los niños vayan aprendiendo a identificar sus emociones y a regularlas por sí mismos. Sin embargo, no siempre ocurre, llevando a que ese niño o bebé se convierta en un adulto con diferentes dificultades, como estallidos de ira, rabia, que pueden desencadenar en escenarios de violencia, baja tolerancia a la frustración, dificultades para manejar estados de tristeza, aislamiento social y dificultades en las relaciones interpersonales.

    “En el entorno profesional encontramos casos de papás y mamás que no han tenido acceso a conocimientos sobre desarrollo infantil, a los que les es muy difícil entender las emociones de bebés y niños, calmarlos y llevarlos a situaciones de regulación emocional, muchas veces son ellos los que no logran mantener la calma, se desesperan y en ocasiones particulares, derivan en casos de maltrato infantil o negligencia, porque no cuentan con las herramientas necesarias para acompañar a su bebé. Por eso son fundamentales las intervenciones psicológicas dirigidas a cuidadores”, precisa la magíster de la UNAL.