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Desarrollo Rural

Refugios para mariquitas, estrategia de control biológico premiada

    Conservar mariquitas –depredadoras de pulgones– en los cultivos de ají, ofreciéndoles zonas de refugio y alimentación con plantas de maíz y escoba, fue la estrategia merecedora del segundo puesto del Premio Francisco Luis Gallego otorgado por el Congreso de la Sociedad Colombiana de Entomología (Socolen) 2021.

    Al sembrar franjas de estas plantas entre el cultivo de ají, las mariquitas llegan a habitarlas y cuando la cosecha está lista se encargan de acabar con una de las peores plagas que la afectan: los pulgones Myzus persicae y Aphis gossypii, transmisores de virus que afectan al rendimiento del ají hasta en un 100%, provocando enanismo en el ají, bajo rendimiento y poca producción.

    Al terminar con la plaga, las mariquitas retornan a las arvenses (malezas) para después repetir el ciclo.

    Así lo descubrió la ingeniera agrónoma Jennifer Naranjo Acosta, de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira, en su investigación “Bases para la conservación de Hippodamia convergens (Coleoptera: coccinellidae): ¿preferible alimentarse de áfidos y polen?”, apoyada por el Sistema General de Regalías de la UNAL y la empresa productora de ají Hugo Restrepo & Compañía.

    “Las malezas albergan polen, azúcar, aminoácidos y lípidos que benefician el desarrollo y la reproducción de las mariquitas. En el caso de esta investigación, el polen genera mayor cantidad de huevos de mariquitas y más exclusión de las plagas […] más agentes de control biológico para el cultivo”, afirma la investigadora.

    En el corregimiento Tienda Nueva, de Palmira (Valle del Cauca), la investigadora, junto con la docente de la UNAL Sede Palmira, María del Rosario Manzano, la doctora en Agroecología de la misma Institución, Clara Melo y los grupos de Investigación en Interacciones Tritróficas e Interacción, Planta, Microorganismo Ambiente (IPMA) de la UNAL Sede Palmira sembraron cerca de 20 plantas de maíz y “escoba” alrededor de un cultivo de ají, con trampas de malla para cazar tanto a las mariquitas (familia Coccinellidae) como a los pulgones o áfidos.

    Mayor fecundidad

    Dentro de las trampas, las mariquitas se reproducían y obtenían los huevos con los que se realizaba el proceso de alimentación en laboratorio. “En su estado larval, se alimentaron con los áfidos Rhopalosiphum maidis y Uroleucon nigrotibium -propios de estas malezas- hasta volverse adultos. Después se puso a una pareja de mariquitas, esperamos su copulación y la puesta de huevos”, relató la ingeniera.

    “De ahí hallamos que al alimentar a las mariquitas con el pulgón U. nigrotibium y con el polen de la planta ‘escoba’, hubo una mayor fecundidad de huevos (55,5 huevos en 40 días), pese a que tardaron en formarse 20,6 días, mientras que la alimentación con R. maidis y polen de la planta de maíz fue de 11 huevos en 40 días pero los huevos se formaron en menos tiempo (17,76 días).

    “Aunque las mariquitas consumieron más el pulgón R. maidis que el U. nigrotibium, también se debe considerar que el primero es un áfido más pequeño que el segundo. Quizás por esa rápida manipulación y el tracto digestivo de la mariquita, se demora más el consumo entre uno y otro”, explicó la investigadora.

    Con esta fecundidad y depredación eficiente, el grupo de investigación concluyó que sembrar estas franjas de plantas arvenses alrededor de los cultivos de ají es viable para utilizarlas en estos cultivos.

    “Los agricultores pueden utilizar esta estrategia para lograr un control más adecuado y ambiental para sus cultivos de ají; con este pueden reducir las aplicaciones de agroquímicos y la simplificación del paisaje, es decir, habría más biodiversidad en el ecosistema de ají”, afirma la investigadora Naranjo.

    Según el Ministerio de Agricultura, las exportaciones de ají y pimentón en los últimos cinco años han ascendido a 748.239 dólares, posicionando al fruto en el mercado internacional. Así lo corrobora la empresa Colombina con su marca Amazon Pepper: “Colombia produce cerca de 30.000 toneladas anuales, genera empleo y bienestar en el campo”.

    La investigación compitió junto con 13 trabajos más para este premio entregado a principios de septiembre de este año. La ingeniera Naranjo obtuvo el segundo lugar con un puntaje de 9,63 sobre 10, con el cual proyecta seguir promoviendo otras investigaciones que apoyen el control biológico por conservación. Se pueden aplicar en el campo para disminuir el uso indiscriminado de agroquímicos en los cultivos.

    “Es un orgullo estar al nivel de otros grandes trabajos y al lado de grandes investigadores del país”, concluye la investigadora.