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Política y Sociedad

¿Puede el escrache ser una forma legítima de denuncia?

    El escrache es un tipo de manifestación pública utilizada para visibilizar casos de violencia de género que se ha empezado a consolidar como una práctica legítima, propia de la libre expresión. Así lo plantea una investigación comparativa entre Colombia y Argentina, en la cual se analizó cómo estas denuncias han ganado espacio en universidades y movimientos feministas.

    El escrache surgió en Argentina durante la década de 1990 como una forma de denuncia colectiva frente a la impunidad por los crímenes cometidos durante la dictadura militar.

    Con el tiempo, distintos movimientos sociales —entre ellos colectivos feministas y estudiantiles— comenzaron a apropiarse de esta práctica para denunciar violencias basadas en género, especialmente en espacios universitarios.

    La investigación fue desarrollada por la profesora María Luisa Rodríguez Peñaranda y las estudiantes de Derecho María Camila Gómez Bustos y Myriam Marcela Velasco Bucheli, todas de la Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales de la UNAL, y sus resultados se publicaron en el libro Los tiempos del escrache: ¿Denuncia o castigo?, una obra que analiza cómo estas denuncias públicas se han empezado a expandir en universidades de Colombia y Argentina.

    El trabajo buscó comprender por qué algunas estudiantes, docentes y trabajadoras universitarias recurren al escrache para denunciar acoso, abuso sexual y otras formas de violencia de género, especialmente en contextos en donde las relaciones de poder, el miedo o la desconfianza institucional dificultan las denuncias formales.

    Además de visibilizar los hechos, estas prácticas también funcionan como formas de advertencia y construcción de redes de apoyo entre mujeres.

    En Colombia, las investigadoras recopilaron testimonios y realizaron entrevistas con colectivas feministas, estudiantes y activistas de las Universidades Externado de Colombia, del Atlántico, del Valle, de Antioquia, de Nariño y la UNAL; en Argentina el análisis incluyó 8 entrevistas realizadas en la Universidad de Buenos Aires.

    “En Colombia el debate sobre el escrache se ha concentrado principalmente en el plano jurídico. La discusión gira alrededor de hasta qué punto estas denuncias públicas pueden ser entendidas como una forma legítima de expresión protegida por la Constitución y cómo equilibrarlas con otros derechos como el debido proceso, la honra, el buen nombre y la presunción de inocencia”, explica la profesora Rodríguez.

    Uno de los casos centrales analizados en el libro es la Sentencia T-275 de 2021 de la Corte Constitucional de Colombia, considerada como un punto de referencia en la discusión sobre el escrache en el país. Por primera vez el alto tribunal reconoció explícitamente el término y estableció que las denuncias públicas de violencia de género, incluidas aquellas realizadas en redes sociales, pueden constituir un ejercicio legítimo de la libertad de expresión.

    Sin embargo, la Corte también fijó límites como no divulgar información falsa, evitar prácticas de acoso digital y actuar bajo criterios mínimos de veracidad e imparcialidad.

    Además recordó que estas denuncias se deben armonizar con derechos como la honra y la presunción de inocencia, lo que implica no presentar a una persona como culpable antes de una decisión judicial definitiva.

    En contraste, en Argentina la discusión ha estado más atravesada por debates internos del feminismo, especialmente alrededor del antipunitivismo. Esta corriente cuestiona que algunas formas de sanción social puedan terminar reproduciendo lógicas de castigo o exclusión, incluso cuando surgen de reclamos legítimos de las víctimas. Por eso allí el debate se ha centrado menos en la protección jurídica del escrache y más en sus efectos políticos y sociales dentro de las comunidades.

    La profesora Rodríguez sostiene que Colombia se ha convertido en uno de los países que más ha avanzado en América Latina en la discusión jurídica sobre el escrache y en la búsqueda de herramientas para comprender las experiencias de las víctimas y generar diálogos entre movimientos sociales e instituciones.

    Por eso señala que el libro busca abrir una conversación interdisciplinaria y evitar posiciones absolutas frente al fenómeno. “Esta es una invitación para hablar desde diferentes áreas”, afirma.

    La investigadora insiste además en que “el escrache no rompe comunidades que antes estaban intactas. Por el contrario, estas denuncias elevan a la superficie social una realidad callada, oculta, que padecen las mujeres, con el fin de volverla un asunto común, compartido, que al ser conocido puede ser pensado, elaborado y transformado”. Y concluye: “el escrache no crea un dolor, solo lo visibiliza”.