Proyecto binacional, con participación de la UNAL, analiza brechas en la educación básica rural

Factores como la pobreza, la falta de conectividad y una infraestructura deficiente impactan en la educación rural. Foto: RAUL ARBOLEDA / AFP

En el marco de la investigación binacional, los equipos de la Unemi visitaron varias instituciones educativas rurales, entre ellas la Unidad Educativa Guillermo Durán Arcentales. Foto: Proyecto UNAL-Unemi.

La profesora Gloria Solís Beltrán es la directora del proyecto por parte de la Unemi. Foto: María Fernanda Londoño, Unimedios

La investigación binacional entre la UNAL y la Unemi ya ha avanzado en un trabajo comparado entre Ecuador y Colombia. Foto: María Fernanda Londoño, Unimedios
El desafío de la educación rural en América Latina es enorme. Antes de la pandemia por Covid-19, casi la mitad de los estudiantes de tercer grado no alcanzaban niveles básicos de lectura o matemáticas, y la crisis sanitaria dejó fuera del sistema a cerca de 9,6 millones de niños y adolescentes. Según la Unesco, si no se adoptan medidas integrales, las secuelas de este retroceso afectarán durante años las trayectorias de aprendizaje en un continente en donde los estudiantes del quintil más rico tienen cinco veces más posibilidades de terminar la secundaria que los del más pobre.
Según el Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo de la Educación, la Ciencia y la Cultura de Ecuador, en 2023-2024 el país registró 4,2 millones de estudiantes, pero más de 450.000 quedaron por fuera de la escuela. Aunque la tasa de abandono bajó a 1,75 %, aún persisten problemas de acceso y permanencia, sobre todo en la ruralidad, en donde la pobreza, el género y la falta de conectividad profundizan las brechas.
En Colombia el 67 % de las 55.889 sedes educativas están en zonas rurales, pero menos del 50 % de los estudiantes que ingresan a primero llegan a grado once. Las diferencias de calidad son notorias: en las pruebas Saber 11 los alumnos rurales obtienen en promedio 26 puntos menos que los urbanos, y la brecha sube a 44,5 puntos en los municipios PDET. A esto se suman carencias de infraestructura —como la falta de internet, agua potable o electricidad— y causas de deserción vinculadas con la pobreza, los oficios del hogar y los embarazos adolescentes.
Ante este panorama de brechas persistentes, el trabajo comparado entre Ecuador y Colombia, realizado por la la UNAL y la Unemi toma fuerza porque los equipos ya han avanzado en el proyecto “Abordando las desigualdades en la educación básica rural: una mirada binacional y multidimensional”.
“No se trata solo de comparar realidades, sino de encontrar caminos comunes para superar desigualdades que afectan a las poblaciones rurales de ambos países”, anota la profesora Gloria Solís Beltrán, de la Facultad de Ciencias Sociales, Educación Comercial y Derecho de la Unemi, directora del proyecto por parte de dicha institución.
La Unemi está ubicada en Milagro, cantón de la provincia del Guayas reconocido por su producción de caña de azúcar, cacao y banano. Aunque es una ciudad intermedia cercana a Guayaquil, cerca del 80 % de sus parroquias o municipios tienen vocación agrícola.
Esta condición rural marca la vida de miles de estudiantes, quienes en muchos casos enfrentan dificultades para acceder a oportunidades educativas pertinentes. Según el profesor Mario Alfredo Fernández Ronquillo, de la Facultad de Ciencias Sociales, Educación Comercial y Derecho de la Unemi, uno de los investigadores del proyecto, “uno de los grandes retos es evitar la migración forzada de los jóvenes hacia las ciudades o su vinculación a actividades ilícitas. De ahí la urgencia de impulsar carreras y programas técnicos relacionados con la agricultura y la ganadería que fortalezcan las economías locales y abran nuevas perspectivas para la juventud”.
En este escenario, la educación rural en Milagro está experimentando esfuerzos de modernización, como el proyecto del Ministerio de Educación que busca reducir la brecha digital mediante dotación tecnológica y conectividad en instituciones apartadas. Paralelamente, la Unemi ha impulsado iniciativas de vinculación con la comunidad, como “Refuerzo Pedagógico”, para apoyar a estudiantes de escuelas rurales.
En el marco de la investigación binacional, los equipos de la Unemi visitaron tres instituciones educativas rurales: Mariscal Sucre, Elodia Alfaro y Guillermo Durán Arcentales, ubicadas en los cantones de Milagro y Yaguachi.
Los hallazgos revelaron carencias estructurales. En la Unidad Educativa Mariscal Sucre la investigación encontró aulas sobrepobladas y apenas 15 computadores disponibles para toda la comunidad escolar. Estas condiciones limitan la inclusión educativa, a lo que se suma la baja asistencia de los padres a los talleres convocados.
Algo similar ocurre en la Unidad Educativa Guillermo Durán Arcentales, en donde las políticas de inclusión se aplican solo parcialmente. La infraestructura es deficiente, los equipos tecnológicos están obsoletos y persisten episodios de discriminación. Aunque los docentes han buscado vincular a las familias a través de grupos de WhatsApp y visitas, la participación sigue siendo baja.
En la Unidad Educativa Eloy Alfaro existen políticas inclusivas pero carecen de recursos suficientes para sostenerse en el tiempo. La conexión a internet es mínima, la motivación estudiantil limitada y los maestros resaltan la necesidad de metodologías innovadoras, ajustadas a la realidad rural.
En conjunto, estos resultados evidencian que aunque existen lineamientos de inclusión educativa, su implementación es fragmentaria. Las brechas en infraestructura, participación familiar y motivación estudiantil siguen siendo amplias, lo que refuerza la necesidad de diseñar políticas públicas que reconozcan las particularidades de la ruralidad y promuevan la justicia cognitiva y social.
El proyecto se desarrolla con un enfoque cualitativo y participativo, poco frecuente en el contexto ecuatoriano, en donde suelen predominar los estudios cuantitativos. Para los investigadores, esta mirada permitió “llegar al ser humano, comprender su dolor y sus inquietudes a través de la contextualización y la voz directa de los actores escolares”.
En las escuelas rurales de Ecuador visitadas se aplicaron entrevistas semiestructuradas, grupos focales y observación participante. Además se implementó la técnica de fotobox, que consistió en documentar escenas cotidianas de los niños —como describir aves o actividades productivas en ausencia de docentes— para estimular su escritura y reflexión. En total, cerca de 50 personas participaron en cada institución, entre estudiantes, padres de familia, docentes e investigadores.
El análisis incluyó herramientas como el diagrama de Ishikawa, empleado para identificar causas y consecuencias de los problemas, y el biplot logístico, técnica estadística que permitió representar en gráficos las diferencias y similitudes entre las tres escuelas visitadas, traduciendo información cualitativa en patrones comparables.
En paralelo, la investigación en Colombia se adelantó en municipios rurales de Cundinamarca, con visitas a instituciones educativas de Choachí y Soacha, aplicando la misma metodología para garantizar la comparación binacional. Según la profesora Martha Lucía Rincón, de la Facultad de Medicina de la UNAL, estas experiencias han mostrado realidades semejantes a las de Ecuador: limitaciones de infraestructura, acceso desigual a tecnologías y dificultades de permanencia escolar. Sin embargo, también resaltan la riqueza de los saberes locales y el compromiso de docentes y estudiantes por integrar el territorio en la enseñanza.
"El camino que proponemos es de abajo hacia arriba, para resignificar la educación rural y que esa voz llegue a las políticas", explica la investigadora, quien destacó la importancia de construir redes de educación rural que fortalezcan la cooperación entre comunidades y países.
Los resultados presentados en la UNAL Sede Bogotá, con la participación de la División de Investigación, son el primer paso de un trabajo que continuará con el análisis en estas instituciones, lo que permitirá identificar patrones comunes y enriquecer la construcción de propuestas académicas y de política pública para una educación rural más equitativa e inclusiva.