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Salud

Protocolo que recrea ambiente del útero mitigaría el dolor en bebés hospitalizados

    El manejo del dolor en los recién nacidos hospitalizados suele depender de analgésicos y sedantes como la morfina o el paracetamol, medicamentos que, aunque efectivos, pueden enlentecer la respiración y reducir el flujo sanguíneo hacia órganos aún en desarrollo. Frente a estos desafíos, un innovador protocolo clínico busca replicar el ambiente protector del útero y potenciar el contacto piel con piel, proporcionando un alivio eficaz y seguro para los neonatos, a la vez que apoya su desarrollo cerebral, todo sin depender de fármacos.

    Los primeros días después de nacer son de una transición abrupta, pues los recién nacidos pasan de un entorno cálido y silencioso a uno hospitalario lleno de luces intensas, ruidos constantes y manipulación frecuente. Esa sobreexposición genera estrés y eleva los niveles de cortisol, una hormona que intensifica la percepción del dolor. A esto se suma que las vías nerviosas que transmiten el dolor están activas desde la semana 24 de gestación, mientras que los mecanismos naturales que lo inhiben solo maduran hacia las 48 semanas, lo que hace que los bebés sean especialmente sensibles.

    Aunque existen analgésicos, sedantes y anestésicos, se estima que cerca del 80 % de los recién nacidos reciben un tratamiento insuficiente del dolor. Además, estos fármacos conllevan riesgos significativos como una respiración más lenta de lo normal (depresión respiratoria), cambios en la presión arterial y el flujo sanguíneo (inestabilidad hemodinámica) y un impacto en el neurodesarrollo que aún no se comprende completamente, de ahí que no son recomendables para procedimientos rutinarios.

    Frente a este desafío clínico, la enfermera Blanca Yaneth Hurtado Camacho, especialista en Cuidado de Enfermería Materno Perinatal de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), propone un protocolo de intervenciones sin medicamentos para disminuir el dolor y favorecer el neurodesarrollo en bebés hospitalizados.

    “Esta iniciativa, desarrollada a partir de una exhaustiva revisión de la evidencia científica más reciente, busca estandarizar el manejo humanizado del dolor en los pacientes más vulnerables, mediante intervenciones seguras, de bajo costo, asequibles y neuroprotectoras, es decir que ayudan a proteger el cerebro del bebé y su desarrollo”, afirma la especialista.

    Cinco pilares contra el dolor

    “Pocas instituciones tienen un protocolo estandarizado para el dolor con medidas no farmacológicas, por eso estas se iniciaban con procedimientos de rutina dolorosos, sin ninguna preparación para el bebé, a pesar de saber que existen alternativas simples y efectivas; esta necesidad me llevó a formular este protocolo dirigido a recién nacidos que se encuentran en unidades de alojamiento conjunto, cuidados básicos e intermedios”, relata la especialista.

    Su propuesta se fundamenta en 5 pilares diseñados para actuar de manera directa en la modulación del dolor y en la protección y estimulación del neurodesarrollo. Estos pilares conforman un sistema integrado que busca replicar, en la medida de lo posible, las condiciones de contención y regulación propias del ambiente uterino.

    El primer pilar son las intervenciones orales, que buscan aprovechar los reflejos del recién nacido. La administración de sacarosa o glucosa al 24 % unos 2 minutos antes del procedimiento doloroso desencadena la liberación de endorfinas y encefalinas en el cerebro, lo que produce un efecto calmante. Complementariamente, la succión no nutritiva, como un chupete o un dedo limpio y cubierto, activa el sistema nervioso parasimpático (el que le ayuda al cuerpo a relajarse y recuperar la calma), reduce la frecuencia cardiaca y respiratoria, y promueve la liberación de serotonina.

    El segundo pilar se centra en las intervenciones sensoriales, utilizando estímulos familiares y placenteros para modular la percepción del dolor. La voz materna, reconocida por el feto desde la semana 32 de gestación, actúa como un potente regulador auditivo cuando se emite a un volumen suave y a corta distancia del bebé. Esta intervención no invasiva estabiliza los signos vitales y promueve estados de alerta tranquila. Paralelamente, la estimulación táctil, mediante contacto suave o masaje, opera bajo la teoría de la compuerta: las fibras nerviosas que transmiten el tacto inhiben a nivel medular el paso de las señales dolorosas hacia el cerebro. Además, este contacto reduce los niveles de cortisol y norepinefrina, al tiempo que favorece la liberación de oxitocina y endorfinas, generando una respuesta de calma fisiológica profunda.

    El tercer pilar aborda la necesidad de seguridad postural y contención. Técnicas como la de sujetar al bebé en forma de “nido”, en una posición flexionada y alineada, con las extremidades cercanas al tronco, simulan la protección del útero y mitigan el estrés y el gasto energético.

    “Aplicar esta contención durante al menos 15 minutos antes, durante y después del procedimiento maximiza sus beneficios en la estabilidad fisiológica y la recuperación conductual”, explica la especialista.

    El cuarto pilar se centra en el contacto piel a piel o método canguro. Más allá de su conocido papel en el fortalecimiento del vínculo, esta estrategia actúa como una analgesia natural al regular la temperatura y la frecuencia cardiaca y respiratoria del bebé. De 10 a 15 minutos de este contacto antes de un procedimiento doloroso estimula la liberación sincronizada de oxitocina y estabiliza múltiples parámetros orgánicos, lo que se evidencia en la reducción de la expresión facial de dolor, el llanto y la variabilidad cardiaca.

    El quinto pilar constituye el núcleo innovador de este protocolo, pues se ha demostrado que la combinación simultánea de estos pilares produce un efecto muy superior al de cualquier medida aislada.

    “Se trata de crear una saturación sensorial positiva, en la cual convergen estímulos como el gusto por la sacarosa, el tacto de una caricia, el sonido de la voz materna y la contención postural, para formar una capa protectora. Esta integración no solo potencia el alivio inmediato, sino que además sienta las bases para un cuidado humanizado, cuyo objetivo central y alcanzable en la práctica clínica diaria es la protección del desarrollo cerebral”, enfatiza la especialista.

    Sus aportes se expusieron durante el Simposio “Una mirada hacia el cuidado científico y humanizado materno-neonatal”, organizado por la Facultad de Enfermería de la UNAL.