Nueva guía clínica reduce el delirium, complicación común en pacientes críticos

El principal factor de riesgo para padecer delirium es estar internado en una UCI. Foto: María Fernanda Londoño, Unimedios.

Aunque cualquier persona puede presentar delirium, es más común en personas mayores de 60 años. Foto: archivo Unimedios.

Diversos analgésicos y sedantes sirven como tratamiento convencional del delirium. Foto: archivo Unimedios.

Los pacientes que recibieron el Dynamic Delirium permanecieron menos tiempo en la UCI. Foto: archivo Unimedios.

Aspectos psicológicos, espirituales, sociales y fisiológicos componen este nuevo tratamiento experimental. Foto: archivo Unimedios.
El modelo Dynamic Delirium, diseñado y probado por Luz Omaira Gómez Tovar, doctora en Enfermería de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), plantea una intervención integral que aborda el problema desde la raíz: el entorno, las emociones y las necesidades humanas del paciente crítico. Con esta estrategia fue posible reducir los casos, acortar la estancia en UCI y disminuir el dolor y el tiempo de ventilación mecánica.
A diferencia de los tratamientos tradicionales —centrados en medicamentos como la dexmedetomidina o el haloperidol—, la guía propuesta combina medidas simples y efectivas en las que el cuidado se convierte en la primera forma de tratamiento. El modelo reconoce que el cuerpo y la mente del paciente crítico están profundamente interconectados, por eso combina acciones clínicas —como el control del dolor, la regulación del sueño y la estimulación cognitiva— con dimensiones emocionales, sociales y espirituales que suelen quedar relegadas en la atención intensiva.
Así, escuchar al paciente, facilitarle una llamada con su familia, permitirle tener un objeto personal o acompañarlo en la práctica de su fe son intervenciones sencillas que, en conjunto, restablecen su orientación y reducen la ansiedad.
“Aunque no existe un medicamento que cure el delirium, esta es una intervención muy personalizada que humaniza al paciente para brindarle una mejoría en su salud. Y, sin importar el diagnóstico, cualquier paciente en UCI puede presentar delirium: puede estar confundido por dos horas en la mañana, recuperar la lucidez total al mediodía y volver a un estado de confusión por la tarde; y aunque puede afectar a personas jóvenes, es más frecuente en mayores de 60 años, especialmente en quienes están sedados, con ventilación mecánica o con múltiples dispositivos invasivos”, explica la doctora Gómez.
Agrega que, “el éxito del Dynamic Delirium radica en devolverle a la UCI su dimensión humana, en ese sentido, se trata de reconocer que la luz, el ruido, la soledad y la desconexión también enferman”.
La investigación se desarrolló como un ensayo clínico aleatorizado con 213 pacientes de la UCI del Hospital Universitario Hernando Moncaleano de Neiva (Huila), todos con factores de riesgo para desarrollar delirium. De ellos, 71 recibieron la intervención Dynamic Delirium y 142 conformaron el grupo control tratado con métodos convencionales.
Lejos de ser una técnica rígida, el Dynamic Delirium consistió en un conjunto flexible de actividades organizadas en 10 tipos de cuidado y 33 intervenciones específicas que se adaptan tanto a la historia clínica como a las preferencias de cada persona, lo que permite un abordaje flexible y centrado en la dignidad del paciente.
Dichas acciones iban desde la valoración del dolor y la estimulación cognitiva hasta la adaptación del entorno físico y la vinculación de la familia. Entre las acciones más efectivas estuvieron favorecer el sueño, con menor exposición a luz y ruido; facilitar ejercicios de orientación y memoria; ajustar los niveles de sedación; permitir objetos personales o llamadas familiares, y atender necesidades espirituales y emocionales.
Cada día el equipo de enfermería valoraba el estado del paciente, y según su nivel de conciencia le ofrecía distintas actividades: musicoterapia, respiración guiada, visitas breves de familiares, conversación con líderes espirituales o simples pausas de descanso sin interrupciones. Esta personalización permitió adaptar el tratamiento a la variabilidad de los síntomas y mantener la participación activa del paciente en su proceso de recuperación.
Los resultados mostraron que la incidencia del delirium se redujo del 14,8 % en el grupo control al 5,6 % en el grupo intervenido, una diferencia estadísticamente significativa. Además, los pacientes permanecieron menos tiempo en UCI, presentaron menos dolor, necesitaron menos días de ventilación mecánica y requirieron menos restricciones físicas.
“Estos resultados demuestran que el camino hacia una recuperación más rápida, segura y digna no se trata solo del consumo de fármacos, sino que también se puede tener una experiencia hospitalaria menos traumática y con una recuperación más humana si la familia y los requerimientos de cada persona sirven como terapia”, comenta la doctora Gómez.
Más allá de los resultados clínicos, esta investigación doctoral representa un avance significativo en la ciencia del cuidado. La tesis de la doctora Gómez propone una forma de anticiparse al delirium, entendiendo que los síntomas físicos y emocionales del paciente crítico están interrelacionados y se pueden abordar antes de que evolucionen hacia una crisis. Desde esta perspectiva, el cuidado deja de ser una respuesta al daño para convertirse en una práctica preventiva y terapéutica.
El estudio se validó con la participación de un comité de expertas que evaluó su factibilidad y aplicabilidad en entornos reales de UCI. Su impacto trasciende la práctica clínica, al aportar evidencia para políticas de humanización del cuidado en hospitales públicos y privados, en línea con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud sobre seguridad y bienestar del paciente.
En palabras de la autora, “el cuidado no es solo un medio para tratar la enfermedad, sino una experiencia humana que puede sanar”.