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Niveles de glucosa considerados como normales afectarían el cerebro de recién nacidos

    Durante las primeras horas de vida los recién nacidos se deben adaptar a regular por sí mismos el nivel de azúcar en la sangre, un proceso que puede implicar descensos considerados como normales. Sin embargo, una investigación en neurociencias advierte que cuando estos niveles moderadamente bajos se combinan con varias horas sin alimentación pueden generar cambios en el cerebro en una etapa crítica del desarrollo.

    Para entender qué ocurre en este escenario, Angie Tarazona, magíster en Neurociencias de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), trabajó con ratas Wistar. “En sus primeras semanas de vida estos animales presentan características comparables con las de los recién nacidos”, explica.

    El punto de partida del estudio fue la disminución del nivel de azúcar en la sangre, conocida como hipoglucemia. La glucosa es la principal fuente de energía del cuerpo, y cerca del 20 % se destina al cerebro, por lo que cualquier variación puede tener efectos importantes.

    “En recién nacidos es relativamente común que la glucosa baje durante las primeras horas de vida, ya que dejan de recibirla de la madre y aún están ajustando sus propios mecanismos para regularla. Sin embargo algunos aspectos no se han estudiado mucho, como lo que ocurre en el cerebro cuando esos niveles son relativamente bajos y no se consideran como una urgencia clínica”, señala.

    Entre lo tolerable y lo que no se está viendo

    Para comparar distintos escenarios la neurocientífica dividió a las ratas en cuatro grupos. A uno se le redujo el nivel de glucosa mediante una dosis controlada de insulina, mientras que otro se mantuvo sin intervención. A su vez, algunos animales fueron sometidos a seis horas de ayuno y otros no, lo que permitió analizar por separado y en conjunto los efectos de la hipoglucemia y la falta de alimentación.

    El experimento recreó una situación concreta con niveles de glucosa moderadamente bajos, entre 45 y 55 mg/dL, combinados con varias horas sin recibir alimento. Este rango es relevante, ya que en algunos contextos clínicos lo pueden considerar como aceptable en recién nacidos durante sus primeras horas de vida, lo que lo convierte en un punto clave para el análisis.

    Para evaluar lo que ocurría en el cerebro, el equipo utilizó inmunofluorescencia, una técnica que permite identificar y visualizar proteínas específicas dentro del tejido cerebral. En este caso se enfocaron en los astrocitos, células que cumplen un papel fundamental en el soporte y la regulación del entorno químico de las neuronas, necesario para su comunicación.

    El análisis se centró en tres proteínas: GFAP, GS y GLT-1, todas relacionadas con la regulación del glutamato, un neurotransmisor esencial para la actividad cerebral. La GFAP se asocia con la activación de los astrocitos ante situaciones de estrés, la GS participa en el metabolismo del glutamato y la GLT-1 en su recaptación, evitando que se acumule en niveles tóxicos. Los cambios en estas proteínas indican que el cerebro está respondiendo a un desequilibrio energético.

    Un cerebro que no se queda quieto

    Los resultados mostraron que en los animales expuestos a hipoglucemia moderada y ayuno la actividad de estas proteínas aumentó entre un 20 y un 70 % frente a los grupos de control, lo que evidencia una respuesta activa del cerebro ante estas condiciones.

    En términos biológicos, lo que se observa es un estado de estrés metabólico porque cuando el cerebro no cuenta con suficiente energía activa mecanismos para compensar esa falta ajustando procesos como la regulación del glutamato para mantener la estabilidad neuronal.

    Dicho comportamiento, que no fue uniforme, evidenció que los cambios se concentraron en el hipocampo, especialmente en la región CA1, una zona determinante para funciones como la memoria y el aprendizaje, y particularmente sensible durante las primeras etapas del desarrollo.

    Otro hallazgo relevante es que los efectos fueron más marcados cuando se combinaban ambas variables. La hipoglucemia por sí sola generó cambios, pero su combinación con el ayuno intensificó la respuesta, lo que sugiere que estos factores actúan conjuntamente sobre el tejido cerebral.

    El estudio no evalúa efectos a largo plazo ni mide funciones como memoria o comportamiento, y tampoco permite extrapolar directamente los resultados a humanos. Sin embargo, sí aporta evidencia sobre lo que ocurre a nivel celular en un momento crítico del desarrollo.

    “Por ahora estos resultados nos muestran que existe una alta probabilidad de que en sus primeras horas de vida los bebés estén expuestos a este tipo de condiciones, pero aún falta mucho por investigar”, señala la magíster Tarazona.

    Aún no existe un consenso claro sobre cuáles son los niveles de glucosa verdaderamente seguros en recién nacidos. Este estudio aporta una alerta importante: incluso dentro de rangos considerados como tolerables, el cerebro puede estar activando mecanismos de respuesta que hasta ahora no se estaban teniendo en cuenta.