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Política y Sociedad

Nacimiento y adolescencia, etapas críticas para padres de hijos intersexuales

    Un circuito de acompañamiento que incluya a profesionales de trabajo social ayudaría a aliviar la carga silenciosa que sobrellevan los padres de hijos intersexuales, quienes afrontan no solo los temores a consecuencia de una sexualidad incierta de sus hijos, sino también una cadena de presiones que impide su óptima integración a la sociedad.

    El nacimiento de una persona con esta condición no solo afecta sus expectativas como progenitores, sino que además, el estigma social impone una cadena de presiones que les lanza a una vida con grandes dificultades.

    La investigación para la Maestría en Trabajo Social adelantada por profesora Nidya Ivett Avella Mariño, del Departamento de Trabajo Social de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) indagó acerca de cómo los padres construyen todo un entramado de significados alrededor de la intersexualidad de sus hijos.

    Los desórdenes del desarrollo sexual (DDS) o intersexualidad son algunas de las denominaciones que con mayor frecuencia se usan en diferentes contextos, para referirse a la discrepancia que puede presentarse entre el sexo genético, el sexo gonadal y el sexo fenotípico de un individuo, es decir, quedan por fuera del binario estricto masculino/femenino. 

    Entre un 0,05 y un 1,7 % de la población mundial nace con rasgos intersexuales; el porcentaje que representa el umbral superior es similar al número de personas pelirrojas, por lo que “ser intersexual es tan común como ser pelirrojo”, destaca la Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH), lo cual indica que la intersexualidad es más común de lo que se piensa.

    Trayectorias vitales

    Para su investigación, la magíster recopiló datos de los nacimientos reportados en el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) entre 2015 y 2018 y encontró que en ese lapso se produjeron 1.919.279 nacimientos, 166 de los cuales fueron registrados con “sexo indeterminado”. El dato es poco fiable si se tiene en cuenta que la intersexualidad es una condición que se puede conocer antes o después del nacimiento.

    Además, realizó siete entrevistas en profundidad a cuatro madres y tres padres residentes en Bogotá, con edades entre 25 y 42 años.

    El propósito era reconocer, desde la perspectiva del interaccionismo simbólico –desarrollado por los sociólogos estadounidenses George H. Mead y Herbert Blumer–, los significados que los padres y madres de hijos intersexuales construyen sobre esta condición.

    Entre los resultados, la profesora destaca que existe una tendencia a querer protegerlos, a que nadie conozca su condición, y menos a exponerla públicamente.

    “Esto tiene que ver con las proyecciones y temores de los padres y madres sobre la forma en que afrontan las preguntas de sus hijos sobre su condición, algunas de ellas relacionadas con las cirugías y los tratamientos que reciben”.

    Agrega que “aunque algunos progenitores ya han tenido que afrontar estos interrogantes, consideran que cuanto mayor sea la edad que tengan sus hijos o hijas intersexuales, mayor será la capacidad de reflexión sobre su condición, y con ella, el grado de dificultad de sus preguntas. Se trata de exponerlo ante una realidad que puede resultar conflictiva y de la que los padres quieren protegerlos al máximo”.

    Afirma que “toda la vida social es organizada y estructurada según el género”. En ese sentido, se hicieron evidentes las concepciones que los padres tenían sobre sus expectativas de familia, influidas por pautas culturales sobre lo que es femenino y masculino.

    “Aspectos como cuántos hijos voy a tener, qué condiciones les voy a dar, qué nombre le voy a poner, cómo voy a organizar mi vida en función del sexo de mi hijo o hija, cómo me voy a relacionar si es hombre o mujer –por ejemplo, qué voy a jugar– y los papeles de género asociados con el sexo, ocupan un papel importante y existe una enorme irrupción sobre esas expectativas cuando el hijo es intersexual”.

    A la cadena de presiones que afrontan los padres se suma la de familiares y amigos, “a fin de incorporarlo en ciertos espacios de relacionamiento previos al nacimiento, como dirigirse a él o ella por su nombre, comprar ropa de niño o niña o llevar a cabo celebraciones como el baby shower, que, aunque se organiza con buenas intenciones, se convierten en una fuente de intranquilidad para los progenitores”.

    Para contribuir a una mejor comprensión de la intersexualidad es esencial que personas intersexuales, familias e instituciones de salud cuenten con un circuito de acompañamiento por parte de los trabajadores sociales. “Este debe abarcar las etapas críticas de las trayectorias vitales de las personas con DDS”, señala la profesora.

    En su opinión, “es necesario conformar redes de apoyo social para los padres y los hijos intersexuales. De esta manera podrán sobrellevar las cargas emocionales, al tiempo que permitirán establecer lazos de cooperación en los asuntos relacionados con el sistema de seguridad social en salud. En dicho circuito, el trabajo social debe ser de tipo transversal”.