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Salud

Modelo de bioseguridad colectiva mitiga riesgo de COVID-19 en recicladores

    De la mano del profesor Jairo Ernesto Luna García, de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), estos trabajadores de la comunidad de Engativá participaron en la elaboración de 300 kits de bioseguridad, conformados por tapabocas elaborados por ellos mismos, caretas de material reciclado, un dispensador de alcohol glicerinado y otro de jabón, y un morral pequeño para cargar dichos elementos.

    Así mismo, en el desarrollo del proyecto se hicieron actividades comunicativas dirigidas tanto a la comunidad recicladora como a los usuarios de sus servicios en la localidad de Engativá. Por ejemplo, en el barrio UNIR II se hizo un mural que reconstruye un poco la historia de la comunidad, cómo se conformó y cómo surgieron las prácticas de reciclaje, enfocado a la protección del humedal Jaboque, que está en mediaciones de esta localidad de Bogotá.

    El diseño y la implementación de este proyecto piloto para mejorar las prácticas de bioseguridad en una población de recicladores se constituye además en un llamado de conciencia sobre la importancia de esa actividad y de implementar distintas estrategias de cuidado colectivo.

    Estos fueron algunos de los impactos del trabajo adelantado por el profesor Luna, cuyo objetivo era mitigar el riesgo de contagio por COVID-19 a partir de una estrategia basada en la apropiación social del conocimiento y el desarrollo de tecnologías de bajo costo.

    “Evaluamos las condiciones socioculturales y ambientales que configuran el escenario de riesgo por el virus en esta comunidad, y a partir de ahí diseñar e implementar los protocolos de bioseguridad comunitaria y de protección sanitaria. También quisimos impulsar los hábitos de separación de la basura en las zonas identificadas como rutas de recolección del material aprovechable, e incentivar la réplica de este proyecto en otras comunidades recicladoras y en su área de influencia”, describe el profesor Luna al socializar su estudio en el Simposio UNAL COVID-19.

    El proyecto contó con la participación de cerca de 150 miembros de la Asociación de Recuperadores Ambientales de Engativá, la Fundación Linaje Real y la Fundación Construyendo Seres, entre otros, y tuvo tres elementos principales: un componente investigativo, uno de cocreación, en el que se dictaron 11 talleres entre septiembre de 2020 y julio de 2021, y un tercer elemento de difusión y educación.

    “El trabajo de los recicladores tuvo en cuenta los grupos que tienen esta actividad como un oficio y que la han desarrollado por generaciones, y otro grupo que la desarrolla como “rebusque”, que incluía migrantes, lo que hace más compleja la atención de esta población vulnerable, que además es objeto de la estigmatización”, señaló el profesor Luna.

    En el marco del proyecto se realizó una cartografía social con los sitios de recogida de los residuos y del ciclo de la actividad de reciclaje, para luego incorporar los elementos de bioseguridad.

    Un proceso permanente

    Para el docente Luna, “hablar de bioseguridad comunitaria en torno al reciclaje es un proceso permanente que va más allá de la COVID-19, y que tiene que ver con la dignidad de los seres humanos, de sus condiciones de trabajo, del reconocimiento como sujetos de derecho que se requiere, y de la pandemia como una oportunidad para evidenciar las desigualdades, pero también de propender por la superación de estas”.

    También se construyó el museo itinerante “Caminos del reciclaje”, como una actividad más dirigida a las comunidades usuarias para identificar esta práctica de la recuperación de residuos y tratar de estimular la separación en el origen de los residuos y las prácticas de eliminación de aquellos con alto potencial de riesgo en bioseguridad para los recicladores.

    “En el museo se contaron historias y cifras de la población recicladora, el Día del Reciclador, contexto del barrio UNIR II, del humedal Jaboque, temas sobre reciclaje orgánico y bioseguridad comunitaria”, señala el docente.

    Compostaje y abonos

    Uno de los elementos con los que se encontró el grupo, y que fue el más interesante, es que normalmente la recuperación se refiere a elementos como vidrio, papel, cartón, metales, etc., pero esta vez los asistentes aprendieron que existen unas conformaciones de pacas y huertas que están procesando una parte de los residuos no reciclables y que pueden formar parte de la actividad de compostaje y abonos.

    Tras la socialización de los resultados del proyecto con los representantes de la Alcaldía de Engativá, la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos y representantes de las organizaciones y la comunidad, se propuso gestionar la posibilidad de adoptar esta propuesta y replicarla en otras comunidades –con apoyo gubernamental–, aunque se trata de un proceso que hasta ahora está iniciando.

    Para el profesor Luna, “muchas de esas poblaciones vulneradas, que históricamente han visto negada la garantía de sus derechos, necesitan ser reconocidas y adaptarse a una estrategia más participativa, para que la respuesta a la pandemia no profundice las grandes desigualdades e inequidades que existen en la sociedad, sino que ayude a fortalecer los proyectos de vida”.

    Se debe propender por la entrega directa del material al recuperador ambiental, pues ese sería el primer paso para escenarios de cuidado colectivo (usuario-recuperados-instituciones), plantea el docente de la UNAL.