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"Moda lenta en Latinoamérica", movimiento por la moda justa y sostenible

    Egresadas de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) impulsan esta iniciativa que le apunta a la capacitación y la pedagogía de ciudadanos, para tomar acción contra los hábitos de consumo de la industria de la moda, en la que se desechan cerca de 6.000 kg de tela cada 10 minutos.

    En países como Nicaragua, Guatemala, El Salvador y Honduras, alrededor de 263.000 trabajadoras textiles viven explotadas en las zonas francas. Ellas representan un 58 % del total de la fuerza laboral en el sector. Además, se producen cerca de 100 millones de prendas al año y el 40 % de estas terminan en la basura. De hecho, en Chile, en el desierto de Atacama, se acumulan gigantescas montañas de ropa usada que fue desechada por Estados Unidos, Europa o Asia y que es enviada a este país sudamericano para su reventa.

    Según el reporte publicado por McKinsey & Company (McKinsey), en conjunto con la Global Fashion Agenda (GFA) y la ONU Cambio Climático, "en promedio, 1 kg de tela emite 20-23 kg de gases de efecto invernadero (GEI) y se estima que la industria representa entre el 4 y el 10 % de las emisiones globales de GEI hechas por el hombre".

    Con base en ese preocupante panorama, la antropóloga Carolina Lema y la maestra en Artes Plásticas Cristina Arana, egresadas de la UNAL, y la abogada Daniela Balaguera, de la Universidad Sergio Arboleda, se unieron para la conformación regional del movimiento SlowFashionLatam, una iniciativa que nació en Europa y fue creada para elevar el poder de la ciudadanía para transformar la industria de la moda.

    Esta es una organización de mujeres de toda la región, que vienen trabajando en crear conciencia sobre la importancia del consumo sano, sobre cómo aportarle al medioambiente desde lo cotidiano y cómo las actividades diarias podrían influir para solucionar la problemática de calidad, durabilidad y longevidad de las prendas.

    Además, impulsan iniciativas como utilizar tiempos de producción más lentos, así como de reposición de las prendas, y trabajan en la reducción de la huella de carbono generada por la industria.

    "La mayoría de las compañías siguen haciendo ropa sin ningún objetivo sostenible. Vimos la necesidad de expandir a Latinoamérica este movimiento, actuar frente a los impactos de la moda porque estas regiones son las que más brindan mano de obra económica, junto a Asia. Nos unimos al movimiento global y trabajamos localmente, predicando con el ejemplo, demandamos cambios en la industria de la moda y los creadores de leyes", explica Cristina Arana.

    A su turno, Daniela Balaguera asegura que por medio de redes sociales han implementado una serie de estrategias mediante las cuales le explican a la comunidad que acciones como dejar de comprar ropa por tres meses y extender el uso de la que ya se tiene, son importantes medidas para contrarrestar el impacto ambiental.

    La abogada Balaguera, quien además es gestora comunitaria indígena arhuaca, explica que realizan talleres a los que invitan a diseñadores, empresarios, artistas y a la comunidad en general, para promover la transformación y utilizar los residuos de una manera más duradera.

    "Nuestra demanda consiste en terminar con la moda rápida lo antes posible. Primero, desacelerando la industria, es decir, promoviendo que haya menos temporadas, menos lanzamientos de colecciones, menos compras innecesarias y más compartir, es decir, que se extienda el uso de las prendas donándolas o comprando de segunda mano".

    Así mismo, impulsan mejores creaciones en la industria, con la propuesta de un estilo atemporal, creado para durar y con desperdicio mínimo; trabajan también por crear conciencia sobre la justicia, para que haya salarios dignos y un mejor trato en la industria, que de por sí es afectada por la precariedad laboral con extensas horas de trabajo y mal pago.

    Por ejemplo, cuentan cómo las nuevas campañas pueden mejorar la calidad, haciendo uso de algodón reciclado o fibras que formaban parte de una prenda y que al ser procesados se obtienen nuevos rollos de prendas, que pueden extender la vida útil del producto.

    Hilos de paz

    La antropóloga Catalina Lema ha sido líder del primer proyecto de impacto territorial del movimiento, trabajando y apoyando a "Hilos de paz", un programa que se lleva a cabo con la Asociación de Mujeres del Centro Poblado Georgina Ortiz, en Vista Hermosa (Meta), a seis horas de Villavicencio y otras tres del municipio.

    Allí un grupo de 28 mujeres firmantes del Acuerdo de Paz confeccionan ropa para tener autonomía económica y el movimiento de SlowFashion las acompaña en la capacitación sobre el uso de materia prima sostenible. Reciben talleres para crear sus propios canales de venta y una marca propia.

    "Hemos conseguido que haya pasantes de diferentes universidades de todo el mundo, que les enseñan a estas mujeres a construir una industria más sostenible, a promover una economía circular –con su entorno– y estamos trabajando en campañas para implementar el marketing con enfoque territorial".

    Esta iniciativa es realizada con la cooperación internacional, a través de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y de la Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad (Limpal), quienes han brindado recursos económicos, cursos de costura y confección, de autocuidado, de prevención de violencias basadas en género y dotaron a las firmantes con máquinas de coser.