Los rostros detrás de la red que mantiene a la UNAL en línea

Michael Fuentes Carrasquilla ha sido testigo del crecimiento de la Sede Caribe desde 2005. Foto: Michael Fuentes Carrasquilla, UNAL Sede Caribe.

En la Sede Manizales un equipo recibe, direcciona, gestiona y resuelve solicitudes relacionadas con software, hardware y seguridad informática. Foto: Comunicaciones Sede Manizales.

En la UNAL el soporte tecnológico no es un servicio accesorio, Es la base sobre la cual descansa la actividad académica y administrativa. Foto: Comunicaciones Sede Manizales.

Detrás de la operación cotidiana de la academia están los equipos de soporte técnico y tecnológico de la UNAL. Foto: archivo Unimedios.

En la Sede Caribe cada detalle se comprueba con anticipación, pues cuando la jornada comienza ya no hay margen para el error. Foto: Michael Fuentes Carrasquilla, UNAL Sede Caribe.

En la UNAL el conocimiento circula por ideas, pero también circula por cables, antenas y servidores. Foto: María Fernanda Londoño, Unimedios.
En la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) la conectividad no es un lujo, es la condición que permite que la docencia, la investigación y la gestión administrativa funcionen sin interrupciones. Detrás de esa operación cotidiana están los equipos de soporte técnico y tecnológico que, desde distintas sedes, garantizan que el engranaje nunca se detenga.
Cada mañana, en las Sedes Orinoquia, Caribe y Manizales, la rutina comienza igual: comprobar que los servicios estén “arriba”, que el internet fluya, que los servidores respondan, que los proyectores transmitan y que los micrófonos permitan que una clase híbrida se escuche sin tropiezos.
En la Sede Orinoquia, Luis Enrique García Salazar inicia su jornada hacia las 6:30 a. m. Junto a un equipo reducido, asume la tarea de verificar la conectividad, activar canales de respaldo cuando el proveedor falla y responder a cada solicitud de soporte que surge durante el día.
En una sede en donde las condiciones externas pueden afectar fácilmente el canal principal de internet, y en donde las necesidades tecnológicas exigen respuestas inmediatas, su labor demanda anticipación y temple. Dar respuesta ante fallas del proveedor, verificar intermitencias, activar el canal de respaldo y gestionar con rapidez las soluciones necesarias para que la comunidad no se detenga son desafíos cotidianos que él y su equipo enfrentan con rigor.
Con 16 años en la Institución, Luis Enrique ha sido testigo de cómo la obsolescencia tecnológica amenazaba con rezagar procesos académicos y administrativos. También ha acompañado la formulación de necesidades que permitieron renovar equipos y fortalecer la infraestructura al servicio de estudiantes y docentes, una historia que él no cuenta como hazaña personal, sino como parte del deber colectivo.
“He acompañado desde la parte técnica y operativa muchas de las propuestas tecnológicas, en aras de mejorar los servicios y reducir esa obsolescencia que estábamos enfrentando. Se formularon algunas necesidades, se avaluaron y adquirimos tecnología que quedara al servicio de los estudiantes y docentes”, indica el operador.
Su gestión ha acompañado procesos de actualización tecnológica que hoy les permiten a estudiantes y docentes trabajar con equipos acordes con las exigencias actuales, demostrando así que la tecnología en este contexto también es una herramienta de equidad territorial.
En la Sede Caribe, donde la conectividad representa un puente con el resto del país, el soporte tecnológico adquiere un significado estratégico. Allí, Michael Fuentes Carrasquilla ha sido testigo del crecimiento institucional desde 2005, cuando la infraestructura era limitada y los retos eran mayores.
Hoy, junto a su equipo, respalda transmisiones institucionales, comités, clases híbridas y sistemas de amplificación en salones, garantizando que cada actividad académica y administrativa se desarrolle sin interrupciones. Ha visto crecer la Sede y consolidar su infraestructura tecnológica paso a paso.
Llegar antes de las 7:00 a. m. para verificar red, equipos y sistemas operativos es parte de la rutina. Antes de que se abran los salones, Michael revisa que los computadores enciendan correctamente, que los proyectores funcionen, que los sistemas de amplificación respondan y que las plataformas estén listas. Cada detalle se comprueba con anticipación, pues cuando la jornada comienza ya no hay margen para el error.
“Cuanto menos nos llamen, mejor estamos haciendo nuestro trabajo”, afirma el profesional. La frase resume una ética silenciosa: si todo fluye, nadie repara en quién lo hizo posible. En este oficio la excelencia se mide por continuidad, por la clase que inicia a tiempo, por el comité que se transmite sin interferencias y por el estudiante que nunca advierte que detrás de su pantalla encendida hubo alguien que llegó mucho antes para que todo estuviera listo.
Luego de un periodo fuera de la Institución, Michael agradece por poder prestar un servicio a la altura de la Universidad, que considera la mejor del país. Su labor y la de su equipo garantizan que la formación académica en la región tenga las mismas condiciones técnicas que cualquier otra sede.
En la Sede Manizales, Yilmar Eduardo Checa lleva 28 años acompañando el soporte técnico en los tres campus: Palogrande, La Nubia y El Cable. Él forma parte de un sólido equipo de ocho personas que recibe, direcciona, gestiona y resuelve solicitudes relacionadas con equipos de usuario final, software, hardware y seguridad informática.
Junto a su equipo, Yilmar organiza la asignación de casos, supervisa tiempos de respuesta y acompaña personalmente aquellas situaciones que requieren mayor análisis técnico. Su labor no se limita a resolver fallas; implica garantizar que los computadores de aulas y oficinas funcionen con estabilidad, que las actualizaciones no interrumpan procesos críticos y que la información institucional esté protegida.
En medio de un ambiente que describe como cercano y colaborativo, combina liderazgo y disciplina. “Aquí tratamos de llevar las cosas muy calmadamente, pero muy juiciosos. Si alguien está estresado, los otros sopesan con algún chiste o una palabra de apoyo. Siempre estamos pendientes unos de otros”, señala.
Uno de los retos más significativos que ha asumido ha sido coordinar el Área de Soporte Técnico durante años, liderando la organización de casos y manteniendo cohesionados a los equipos en momentos de alta demanda. Frente a ello, sostiene que ha sido un ejercicio sostenido de responsabilidad que demuestra que el liderazgo se construye todos los días: no desde el título, sino desde la constancia y la confianza del equipo.
En las tres Sedes se repite una verdad sencilla: si la red falla, todo se detiene. Las clases no inician, las reuniones no se transmiten y los procesos administrativos se interrumpen.
Por eso el soporte tecnológico es la base sobre la cual descansa la actividad académica y administrativa de la Universidad. Es el sistema nervioso que conecta aulas, oficinas, laboratorios y territorios. Estos equipos han visto graduarse generaciones enteras; han solucionado crisis técnicas antes de que escalen; han modernizado infraestructura y han acompañado la expansión de la Institución en distintas regiones del país.
Como ellos mismos dicen, “trabajamos detrás del telón”, pero su impacto es visible cada vez que una clase inicia a tiempo, cada vez que un proyecto avanza sin contratiempos y cada vez que una reunión conecta sedes distantes en tiempo real.
En la UNAL el conocimiento circula por ideas, pero también circula por cables, antenas y servidores. Y mientras esa red permanezca activa, la institución seguirá cumpliendo su misión.