Las voces olvidadas del Asilo de Locas de Bogotá

Libro Las mujeres de Ningunaparte: Voces del Asilo de Locas de Bogotá, 1930-1950, presentado por la Editorial UNAL en la FILBO. Foto: Juan Esteban Correa, Unimedios.

La presentación del libro formó parte del primer FILBo Debate, espacio en el que también participaron Felipe Martínez, profesor de la Universidad de Brown, y la escritora Karina Lara. Foto: Juan Esteban Correa, Unimedios.

La profesora Luz Alexandra Garzón Ospina, del Departamento de Trabajo Social de la UNAL. Foto: Juan Esteban Correa, Unimedios.

El libro es un recorrido por lo que se entendía como locura en el siglo XX, y una invitación a pensar en lo que es la salud mental hoy. Foto: archivo Unimedios.

El Asilo de Locas funcionó a una cuadra de la Plaza de Bolívar, en la tradicional calle de San Miguel, donde todavía funcionan algunas sombrererías de la época. Foto: archivo Unimedios.
Entre 1930 y 1950, época de la violencia entre liberales y conservadores en Colombia, decenas de mujeres fueron recluidas en un antiguo edificio del centro de Bogotá, alejadas de la sociedad bajo el estigma de la locura. Campesinas, tejedoras, jóvenes, viejas, madres, o simplemente mujeres que no encajaban en los moldes de su tiempo, vivieron décadas de silencio y olvido.
A través de una narrativa inédita, Las mujeres de Ningunaparte expone cómo la mirada médica y científica de la época redujo a estas mujeres a diagnósticos simplistas, encegueciendo la comprensión de su humanidad y reforzando prejuicios sobre la “locura”.
Su autora, la profesora Luz Alexandra Garzón Ospina, del Departamento de Trabajo Social de la UNAL, lee un fragmento de su libro, en el que plasma la realidad de estas mujeres, quienes vivían en condiciones difíciles:
“Mientras Anastasia cuenta su historia, a su alrededor ya se han acomodado un gran número de mujeres, algunas gritan, otras lloran, otras más duermen; Anastasia prosigue, las relaciones con mis padres y hermanos fueron bastante buenas, era obediente y no me castigaban sino hasta que era necesario. Las luces se apagan y la mujer que se encuentra en el piso lanza un grito fuerte que silencia a Anastasia y a Antonia. La enfermera se acerca y la reconforta, es una mujer que está durmiendo en el suelo frío”.
La investigadora señala que esta historia va más allá de los diagnósticos de “enfermedad mental” o “esquizofrenia” que predominaban en los informes de la época: “es la historia de madres, mujeres, esposas e hijas, contada en una narrativa que permite caminar por el Asilo junto a ellas, recuperando aquellas voces silenciadas por ciertas prácticas médicas. Se trata de dar un lugar a relatos de mujeres cuyas vidas han sido ignoradas por la mayoría, y mucho más aún por la historia de la psiquiatría, donde quedaron reducidas a un número de historia clínica o a unas simples iniciales”, explica la profesora de la UNAL.
Desde inicios del siglo XX el Asilo de Locas de Bogotá funcionó en la calle San Miguel —hoy conocida por sus tiendas de sombreros—, donde surgió como un espacio de atención para mujeres trasladadas desde el Asilo de Mendigas, el Hospital San Juan de Dios, la Casa Refugio y la Casa de Locos, cuyo propósito era ofrecerles una atención diferenciada a la de los varones locos y enfocada en el cuidado de aquellas que parecieron perder la cordura.
En 1937 se reubicó en Ningunaparte, una vieja casona que había sido polvorería en la colonia, ubicada en la calle quinta con carrera doce.
Hasta su cierre en 1980 las condiciones del Asilo estuvieron marcadas por el hacinamiento y la suciedad; allí había especialmente mujeres campesinas, analfabetas, tejedoras y de bajos recursos, algunas señaladas de crímenes como el infanticidio, o simplemente recluidas por no ajustarse a los roles tradicionales de esposa y madre. Posteriormente las internas fueron reubicadas en el hoy conocido como Centro Femenino Especial José Joaquín Vargas, ubicado en Sibaté (Cundinamarca).
Durante años, la profesora Garzón analizó cientos de archivos —entre ellos 40 historias clínicas, documentos de la Beneficencia de Cundinamarca, informes médicos y tesis de Medicina de la UNAL— para reconstruir el funcionamiento, el presupuesto y las prácticas del Asilo, así como la vida cotidiana de sus internas. Este material revela prácticas como las terapias de choque, la lobotomía y la insulinoterapia, tratamientos brutales aplicados bajo la creencia errónea de que curaban a las personas diagnosticadas como “locas”.
Además de los documentos históricos, la autora incorporó fotografías de un fotolibro de Dianne Witlin, autora norteamericana que visitó el país en los años 70, además de testimonios de una psicóloga colombiana que recorrió el Asilo como estudiante en los años 50, fortaleciendo la dimensión afectiva y humana del relato.
El lanzamiento de Las mujeres de Ningunaparte formó parte del primer FILBo Debate, un espacio que abordó la salud mental desde la literatura, resaltando historias de personas excluidas y marginadas de la sociedad.
“Esta es una apuesta muy personal que responde a un sentir que me habita: la conexión vital con mis ancestros femeninos. Busco construir puentes con las mujeres de Ningunaparte, desde una voz diferente a la historia tradicional, rompiendo la resistencia académica a formas narrativas más sensibles que acerquen este conocimiento a un público más amplio”, expresa la profesora Garzón.
En una de las escenas finales del libro, la autora pinta con fuerza la imagen del cuerpo y las emociones en el Asilo:
“Es sábado en la mañana, en el patio Santa Teresita el sol resbala por las cabezas y las deterioradas batas de las mujeres, caminando por el asilo se observa a una mujer sonriente en la mitad del patio Santa Ana, el asilo se impregna de la risa de esta mujer como una gran fisura en el espacio de confinamiento, recrea una emotividad diferente que convive con rostros ausentes, cuerpos rígidos, miradas inesperadas y tristes. La risa es una apertura a otra experiencia, una fuga de su interioridad insondable”.
Con 345 páginas, ilustraciones, fotografías, y un estilo que combina rigor histórico y sensibilidad narrativa, Las mujeres de Ningunaparte —publicado en coedición con la Universidad del Rosario— se consolida como un aporte fundamental para entender la salud mental en Colombia. Se trata de un relato que atraviesa al lector no solo con palabras sino también con emociones, dando vida a aquellas mujeres que por demasiado tiempo fueron olvidadas.