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Política y Sociedad

La corrupción se da en todos los estratos e ideologías políticas

    Aunque la corrupción se ve como un problema social, este comportamiento coexiste con la posibilidad de incurrir en él, dependiendo de las condiciones y realidades de cada persona sin importar su nivel de ingresos económicos o ideología política.

    Así lo revela el estudio experimental de Fabián David Valera Gómez, magíster en Estudios Políticos del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (IEPRI) de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), en el cual encontró que dentro de las causas más frecuentes para explicar el comportamiento corrupto está la falta de sanción (74,1 %), la ausencia de valores éticos (69,7 %) y la presión de actores políticos (54,6 %).

    La investigación contó con una muestra de 139 participantes (71 del sector público y 68 del privado) de entre 25 y 40 años, a quienes se les aplicó una encuesta de caracterización sociodemográfica y una batería de dilemas sociales en situaciones de corrupción.

    Para explorar las motivaciones de las personas detrás de este comportamiento, el magíster analizó la relación entre factores como la debilidad institucional, la ausencia de valores éticos o el abuso de poder, y las decisiones que se toman en situaciones de corrupción.

    Ante la percepción de la corrupción, los resultados demostraron que la mayor parte de la población encuestada reconoce o identifica la corrupción como un problema en constante crecimiento sobre el que no se actúa. El 69,8 % (97 personas) respondió que hubo un aumento durante el último año, el 26,6 % (37) considera que permaneció igual, y solo el 3,6 % (5) afirman que disminuyó.

    A los participantes se les plantearon varios juicios sociomorales en un escenario de corrupción. Por ejemplo, una persona tenía que renovar su pasaporte en una oficina local, pero debido a la ineficiencia de los funcionarios tenía que hacer una fila de cinco horas. Sin embargo, un funcionario ofrece validar su pasaporte en 5 minutos si le da una propina de 20.000 pesos, por lo que los individuos se veían enfrentados a la opción de sobornar o no hacerlo.

    En este escenario, en el que la persona tiene la opción de sobornar o no a un funcionario para agilizar su proceso y reducir su tiempo de espera, el 30,94 % de los encuestados afirmaron dar la propina de 20.000 pesos al funcionario, siempre y cuando nadie los viera, y ante la pregunta sobre ¿qué cree que harían los demás?, el 82,73 % afirma que serían capaces de incurrir en esta práctica de soborno.

    “Quise averiguar qué lleva a una persona a tomar la decisión de ser corrupto, porque los individuos no nacemos corruptos. A medida que fui desarrollando lo teórico y conceptual me fui dando cuenta de que aunque el tema de la corrupción se ha trabajado mucho desde un componente experimental, en el país no hay grandes desarrollos”, subraya el magíster.

    Además realizó una entrevista semiestructurada a una submuestra del total de participantes con el fin de hacer una aproximación a la dimensión subjetiva de lo que entienden las personas por corrupción, si son conscientes cuando incurren en un comportamiento corrupto, cuáles son las justificaciones que dan y a qué dimensiones pertenecen esas justificaciones, es decir, si se trata de algo cultural, social o económico, entre otros.

    “No soy corrupto, pero los demás sí”

    En las entrevistas se encontró que las personas no se consideran corruptas, aunque en ciertas situaciones han tenido que incurrir en esos comportamientos que emergen según las condiciones sociales.

    “En las encuestas, los individuos consideran que ellos no han incurrido en comportamientos corruptos, pero afirman que las demás personas sí lo harían. Sin embargo, cuando se enfrentaron en la entrevista aceptaron haber incurrido al menos una vez en un comportamiento corrupto”.

    Una de las principales variables que tuvo en cuenta el investigador fue el nivel de ingresos salariales de la persona, y encontró que no existe una relación entre dicho nivel con la decisión de ser corrupto. Es decir, sin importar si una persona tiene un ingreso inferior al mínimo o por encima de los 3 smlmv o más, están bajo las mismas posibilidades de incurrir o no en un comportamiento corrupto.

    “Algunas personas identifican el comportamiento corrupto con lo que se considera contexto de supervivencia, es decir que justifican un poco incurrir en el comportamiento en la situación económica del momento, por ejemplo por una multa de tránsito que no están dispuestos a pagar”, señala el investigador.