Inteligencia artificial redefine lo humano y profundiza viejas desigualdades

La edición especial de la Cátedra Manuel Ancízar forma parte de la conmemoración de los 160 años de la UNAL. Fotos: Alejandro Gómez, Unimedios.

Cerca de 400 estudiantes participaron en la conversación sobre cómo la IA está transformando la noción de lo humano.

Profesores de distintas disciplinas analizaron los efectos de la inteligencia artificial en la educación, la salud y la sociedad.

“Nacho”, un robot diseñado con IA, participó en la sesión con preguntas y un resumen de las intervenciones.

La cátedra “Más que humanos: inteligencia artificial, salud y poshumanismo” se desarrollará hasta finalizar el semestre.
El historiador Paolo Vignolo, profesor de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) advierte que el acceso a la tecnología ha servido históricamente para establecer jerarquías entre grupos humanos, mientras la profesora Ana Maritza Cristancho, directora de la Dirección Nacional de Innovación Académica de la Institución, alerta sobre el riesgo de delegar tanto en la IA que, al final, “la única que aprende es la máquina”.
A estas preocupaciones se suma una brecha económica difícil de ignorar. Colombia sigue siendo usuaria, pero no desarrolladora, de estas tecnologías.
Dichas reflexiones marcaron la apertura de “Más que humanos: inteligencia artificial, salud y poshumanismo”, edición especial de la emblemática Cátedra Manuel Ancízar que durante este semestre reúne a 400 estudiantes de diferentes carreras.
El espacio no busca enseñar a utilizar herramientas de inteligencia artificial, sino comprender qué está cambiando en el ser humano —su cuerpo, su salud, sus decisiones y su manera de aprender— a medida que estas tecnologías ganan terreno.
Durante el conversatorio inaugural, el profesor Vignolo, del Departamento de Historia, recordó que la noción de “lo humano” nunca ha sido estable, pues cada cultura y cada época la han redefinido. También señaló que la frontera entre lo humano y lo no humano ha estado ligada históricamente al acceso a la tecnología.
“El poder colonial es un ejemplo de ello, construido en parte sobre quién tenía escritura y quién no: los pueblos con escritura eran considerados civilizados y con historia; los que no la tenían, ‘salvajes’. Ese mismo mecanismo se está repitiendo hoy con la inteligencia artificial, que redefine nuevas jerarquías entre quienes acceden a ella y quienes no”, argumentó.
Esa desigualdad también se expresa en la capacidad económica de los países para desarrollar estas herramientas. Ante una pregunta del público sobre la democratización de la IA, el profesor Eduardo Romero Castro, director del grupo CimLAb, señaló que en 2024 Estados Unidos invirtió 109.000 millones de dólares en inteligencia artificial; la Unión Europea, cerca de 19.500 millones, y China, alrededor de 9.500 millones.
En contraste, según las cifras presentadas por el docente, Colombia invirtió 35 millones de dólares durante los cuatro años del Gobierno de Iván Duque y 20 millones durante el Gobierno de Gustavo Petro. “El país es, por ahora, usuario y no desarrollador de estas tecnologías”, aseguró.
Frente a esa diferencia de recursos, el profesor mencionó que para una institución como la UNAL no resulta viable competir en el desarrollo de inteligencia artificial general con multinacionales como OpenAI o Anthropic. Por eso, la cátedra se concentra en la salud, un campo en el que confluyen grandes volúmenes de conocimiento, datos, decisiones y saberes construidos durante generaciones.
La profesora Cristancho trasladó la discusión al ámbito educativo. A su juicio, la Universidad tiene la responsabilidad de tender puentes entre las herramientas de IA, los procesos de aprendizaje y los territorios, y de formar estudiantes capaces de relacionarse con estas tecnologías de manera ética y crítica.
“Existe un riesgo de caer en ‘ciclos vacíos’: procesos donde profesores y estudiantes delegan tanto en la inteligencia artificial —para planear, ejecutar y evaluar— que, al final, la única que aprende es la máquina”, señaló.
Los planteamientos de los invitados confluyeron así en la preocupación sobre si la tecnología dejó de ser un elemento externo y ahora interviene en la forma en que las personas aprenden, investigan, se cuidan y comprenden su lugar en el mundo.
Aunque “Más que humanos: inteligencia artificial, salud y poshumanismo” remite a este ámbito, las organizadoras aclararon que no se trata de una asignatura médica. Más bien, la salud funciona como un escenario en el que se hacen visibles las tensiones entre cuerpos, algoritmos, información y decisiones.
La profesora Herrera explicó que el colectivo nació precisamente de reflexionar sobre esas fronteras —tecnológicas, humanas y económicas— y de reconocer que Colombia necesita avanzar en la construcción de tecnología propia. De allí surgió también el ecosistema MedIA, una apuesta por reducir esta brecha en el campo de la salud.
La cátedra forma parte de la conmemoración de los 160 años de la Universidad y corresponde a una edición especial de la histórica Cátedra Manuel Ancízar, nombrada en honor al primer rector de la Institución. Sus sesiones se desarrollarán hasta finalizar el semestre.
Con argumentos pedagógicos, filosóficos y económicos, este espacio propone ir más allá del entusiasmo o del temor que suele despertar la inteligencia artificial. Su apuesta es construir un criterio colectivo frente a unas tecnologías que ya están modificando la manera de enseñar, investigar y cuidar a las personas.