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Implantes temporales e impregnados con propóleo regenerarían hueso

    Miles de personas en el mundo requieren reconstrucciones óseas complejas tras fracturas graves, extirpación de tumores o enfermedades degenerativas como la osteoporosis. Una alternativa prometedora surge desde la ingeniería de tejidos. Investigadores desarrollaron implantes temporales hechos con fosfato de calcio, un compuesto que imita la parte mineral del hueso, fabricados mediante impresión 3D y recubiertos con propóleo, una sustancia elaborada por las abejas que tiene propiedades antimicrobianas y regenerativas.

    Estos implantes, conocidos como andamios, funcionan como estructuras temporales que sirven de guía para que las células del paciente reconstruyan el hueso perdido. Cuando cumplen su función se integran al cuerpo o se reabsorben sin dejar residuos ni causar toxicidad, evitando cirugías adicionales para retirarlos.

    Las soluciones actuales –como placas y tornillos de titanio o aleaciones de cobalto-cromo– proporcionan soporte mecánico pero no estimulan la regeneración del hueso y con el tiempo pueden sufrir desgaste o corrosión, además de requerir cirugía para retirarlos.

    Ante estos desafíos, la ingeniería de tejidos propone implantes temporales capaces de sostener el hueso mientras este se vuelve a formar. Deben ser resistentes para soportar las cargas iniciales, porosos para permitir el paso de nutrientes y el crecimiento celular, y biocompatibles para que el cuerpo los reconozca como propios.

    “La porosidad interconectada es fundamental, ya que estos diminutos canales comunican toda la estructura permitiendo que el oxígeno y los nutrientes circulen libremente y se formen vasos sanguíneos dentro del implante. Esta característica, junto con una composición química parecida a la del hueso natural, facilita que el organismo los integre sin rechazo ni efectos tóxicos”, explica Carolina Duque Uribe, magíster en Ingeniería Física de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín.

    Esta triple condición se materializa en los andamios desarrollados por ella mediante impresión 3D con fosfato de calcio y una resina acrílica que se endurece con luz ultravioleta, lo que permite fabricar cada capa con precisión microscópica.

    Del laboratorio al horno

    Para cumplir con los exigentes requisitos de un implante regenerativo, la investigación de la magíster Duque adoptó una estrategia integral: primero sintetizó un polvo cerámico compuesto por hidroxiapatita y fosfato tricálcico beta (β-TCP), los mismos minerales que le dan dureza al hueso natural, y luego definió la arquitectura interna del andamio mediante modelos matemáticos denominados superficies minimales triplemente periódicas (TPMS), específicamente las formas giroide y Schwartz P. Estas geometrías permiten reproducir la compleja red de poros del hueso, optimizando la resistencia mecánica y el flujo de nutrientes.

    Para materializar el diseño, mezcló la resina con partículas de fosfato de calcio en 3 concentraciones: 50, 40 y 35 %, hasta lograr una textura homogénea y con la viscosidad adecuada para su impresión. Luego aplicó la técnica de estereolitografía cerámica, que utiliza luz ultravioleta para solidificar la mezcla capa por capa con una precisión de 50 micras (0,05 mm).

    En esta etapa, la pieza impresa —denominada cuerpo verde— era un híbrido de polímero y cerámica. Para obtener un andamio completamente cerámico y biocompatible, las muestras se sometieron a un calentamiento gradual en un horno especializado que eliminó la resina orgánica y unió las partículas mediante un proceso llamado sinterización, es decir la fusión controlada del material sin que llegue a fundirse. Este paso le otorgó resistencia y solidez al implante sin alterar su red interna de poros.

    Tras su fabricación, los andamios se probaron bajo compresión, alcanzando valores dentro del rango del hueso esponjoso humano, lo que demostró su capacidad como soporte estructural temporal.

    “A nivel microscópico, las imágenes revelaron una arquitectura precisa y poros interconectados que facilitarían la regeneración del tejido. En los ensayos biológicos las células cultivadas sobre la superficie del material se adhirieron, crecieron y se multiplicaron, confirmando que el material es seguro y propicio para la regeneración ósea”, destaca la magíster.

    El propóleo como escudo terapéutico

    Una de las principales amenazas en cualquier implante quirúrgico es la infección bacteriana, que puede provocar inflamaciones severas, rechazo y pérdida del injerto. Para reducir este riesgo, el equipo incorporó propóleo colombiano proveniente de Tame (Arauca), reconocido por su alta concentración de compuestos bioactivos.

    El material cerámico se sumergió en un extracto etanólico de propóleo mediante un proceso de impregnación a presión, que aseguró su penetración uniforme en toda la estructura. El cambio de color del material, de blanco grisáceo a un tono ámbar, indicó una incorporación homogénea del propóleo en el implante.

    En las pruebas de laboratorio, los andamios tratados con propóleo mostraron una fuerte acción antibacteriana frente a Staphylococcus aureus, una bacteria común en infecciones hospitalarias y una de las principales causas de fracaso en implantes ortopédicos. En las placas de cultivo se formaron halos de inhibición, zonas en donde las bacterias no lograron crecer, lo que confirmó que el propóleo actúa como una barrera protectora y libera compuestos naturales con efecto terapéutico.

    “Además, las células cultivadas sobre los andamios con propóleo crecieron con mayor vitalidad, lo que sugiere que este compuesto no solo protege contra infecciones, sino que también mejora el entorno para la regeneración del hueso gracias a sus propiedades antiinflamatorias y cicatrizantes”, indica la investigadora.

    Este desarrollo combina resistencia, bioseguridad y capacidad terapéutica, y abre el camino hacia implantes personalizados que sanan y desaparecen dentro del cuerpo humano.