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Política y Sociedad

Enfoque intercultural en atención a salud, reto pendiente del Estado

    Las comunidades indígenas de Amazonas, Vaupés, Guainía y Caquetá necesitan un plan de salud intercultural que les permita articular el fortalecimiento y la recuperación cultural y lingüística, la salud del territorio y un trabajo con las asociaciones de autoridades tradicionales indígenas, entre otros aspectos.

    Luego de indagar acerca de los modelos de atención en salud propios de las comunidades indígenas de la Amazonia colombiana, investigadores de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sedes Amazonia y Bogotá concluyeron que la salud también debe ser intercultural y que las políticas públicas deben incluirla para poder obtener los resultados esperados en la comunidad objetivo.

    El análisis de más de 120 entrevistas y los aportes dados en mesas de escucha por sabedores, parteras, médicos tradicionales, auxiliares de enfermería y personal técnico y político, evidencia que en los pueblos existe una preocupación constante por el cuidado y la protección de la vida, tanto de los humanos como de los demás seres del cosmos. 

    “Por eso es esencial que el diseño y la puesta en marcha de un plan de salud intercultural reconozca la visión holística de la salud”, afirma el profesor Carlos Eduardo Frankie, del Instituto Amazónico de Investigaciones (Imani), de la UNAL Sede Amazonia.

    El profesor Jesús Ortega Bolaños, de la Facultad de Medicina de la UNAL y director del proyecto de investigación “Diálogos interculturales en salud, análisis retórico de política pública sobre atención primaria en salud en Colombia 2016-2020, caso Amazonia”, agrega que los planteamientos realizados desde el Gobierno y el Ministerio de Salud y Protección Social deben fortalecer un diálogo de saberes más profundo para que se construyan políticas públicas.

    “Las comunidades están construyendo su Sistema Indígena de Salud Propio Intercultural (SISPI), que incluye miradas y ordenamientos diferentes a los planteados por la salud tradicional, en un ejercicio muy relevante que reconoce su diversidad, sus planes de vida y ecológicos, y que además trata de recuperar el saber ancestral y los elementos que tienen que ver con las prácticas sociales en salud”, indica.

    Según el académico, “es importante trabajar –mediante un diálogo horizontal– en el reconocimiento a un saber y unas prácticas; un espacio importante que reclaman las comunidades es que están dispuestos a que esos diálogos de saberes se den en el territorio y no solo en una mesa de negociación técnica”.

    No existe salud sin territorio

    El proyecto se realizó con la participación de 27 pueblos amazónicos, entre los que se encuentran Ticuna, Huitoto, Cocoa, Bora, Mataí; en Vaupés trabajaron en Mitú, Guamal y Santa Marta; en Caquetá con 42 resguardos indígenas (Fraguita); y en Guainía, donde hay 28 resguardos, con Caranacoa, Cacahual, Yuri y Puerto Esperanza.

    En la investigación se desarrollaron tres ejes temáticos: políticas públicas en salud, aspectos culturales relacionados con las percepciones y prácticas de las comunidades indígenas en relación con la salud y la atención de los modelos territoriales.

    Otros elementos que se evidenciaron es que las comunidades indígenas no conciben la salud sin el territorio.

    Al no existir una traducción concreta del concepto de salud a las diferentes lenguas amazónicas, esta integra todas las dimensiones de la vida de las personas (bienestar físico, mental, social y espiritual individual, colectivo, étnico, territorial y cósmico).

    “Tener buena salud implica entonces, estar sanos, contentos, tranquilos y con una buena convivencia consigo mismos, con la familia, con las demás personas y con el territorio”, destaca el profesor Franky.

    El papel de la academia

    Los investigadores recomiendan fortalecer la cultura, los rituales, los autocuidados que forman parte de las comunidades y articular este conocimiento con la salud tradicional.

    Señalan que, por ejemplo, las comunidades utilizan las bondades del borrachero o Brugmansia candida como anestesia rudimentaria para realizar terapias de sanación y rehabilitación.

    “La academia y los profesionales de la salud tenemos la responsabilidad de enseñar el respeto a las comunidades y generar espacios que permitan la aproximación a sus saberes”, anota el docente.

    En ese sentido, el trabajo de investigación colaborativa, aplicada e intercultural, basada en un diálogo de saberes real, es uno de los mejores caminos para formular, gestionar e implementar acciones en salud intercultural.

    Los resultados de la investigación se presentaron durante el XXXI Mes de la Investigación en la UNAL Sede Amazonia que se adelanta por estos días en Leticia: https://www.youtube.com/watch?v=cGhAYqVPNe8