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Política y Sociedad

El cuidado, un proyecto de vida que debe ser mejor compensado

    Para muchas colombianas dedicarse al cuidado es una forma de realizarse y empoderarse: un verdadero proyecto de vida. Sin embargo, esta actividad –especialmente cuando se superan los 60 años– también es un reflejo de las desigualdades sociales y económicas de quienes asumen ese rol y de su vulnerabilidad a medida que pasan los años.

    Según la Cuenta Satélite de Economía del Cuidado (CSEC), publicada por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) en 2021, las mujeres aportaron el 77,7 % (31.914.099) de las horas anuales dedicadas a trabajo doméstico y cuidado no remunerado (TDCNR), frente al 22,3 % en los hombres (9.147.723).

    El valor económico del TDCNR correspondió a 230.338 millones de pesos para ese mismo año, lo cual evidencia el valor de dicho aporte a la economía nacional y mundial, ya que, según Naciones Unidas, el trabajo de cuidado no remunerado y el trabajo doméstico representan entre un 10 y un 39 % del producto interior bruto de los países.

    La abogada Carolina Rosa Rincón Rincón, magíster en Estudios de Género de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), se centró en esta problemática en su investigación “Mujeres mayores: cuidado y proyectos de vida”, con el fin de contribuir al desarrollo de los estudios sobre vejez, género y cuidado, dando cuenta de la forma en que los trabajos de cuidado están presentes a lo largo del curso de vida y se relacionan con la construcción y ejecución de los proyectos vitales.

    Partiendo de este objetivo, la magíster concluye que se debe tener una visión de las mujeres adultas mayores como cuidadoras activas y reconocer su aporte al bienestar y al desarrollo económico de las familias gracias a su trabajo.

    También advierte que es necesario desarrollar políticas efectivas sobre vejez y envejecimiento que involucren la organización social del cuidado, garantizando la prestación de cuidados de calidad y el reconocimiento y valor de este trabajo realizado por las mujeres mayores.

    “Es importante que las políticas de organización social del cuidado les garanticen a las cuidadoras un ingreso mensual, además de la disponibilidad de tiempos de descanso y la garantía del disfrute de los derechos pensionales. En términos generales se requiere una corresponsabilidad del cuidado que involucre tanto al Estado como a la familia y a la sociedad en la redistribución de las labores de cuidado, concibiendo estas como un asunto social, como un asunto de todos”, señala la magíster.

    La investigación evidencia que –por decisión o por circunstancias sociales o económicas– el cuidado es un factor que acompaña a la mujer a lo largo de su vida, y que más allá de ser recompensada por el bienestar que le puedan dar sus familias o quienes se convierten en sus “cuidados”, ella debería tener la posibilidad de ser independiente y terminar de realizarse como ser humano.

    Según las proyecciones del último censo (DANE, 2018), para 2020 se estimó que en el país había 6.808.641 personas mayores de 60 años, lo que representa el 13,5 % de la población colombiana, igualmente proyectada, de la cual se calcula que el 55 % son mujeres.

    Testimonios de cuidadoras

    El estudio se realizó a partir de historias de vida y entrevistas a tres mujeres de diferentes condiciones sociales: Pilar, Graciela y María Angélica.

    Tanto la historia personal y familiar como la situación económica de cada una de ellas determina el momento en el que se convierten en cuidadoras, y aunque tengan otros proyectos personales, el cuidado siempre está presente.

    “Para ellas su labor de cuidadoras se convirtió en un proyecto de vida que han compaginado con otras actividades y trabajos a lo largo de su vida. Ahora, cuando quizá no tienen la energía suficiente para realizar esa tarea como antes, lo siguen haciendo sin percibir remuneración alguna a cambio de su trabajo ni una pensión de vejez, salvo una de ellas”, explica la abogada Rincón.

    Una de las preocupaciones que revela la investigación es la falta de políticas para recompensar de manera justa a quienes dedican su vida a cuidar y la desigualdad que genera no reconocer el cuidado como un trabajo. “Este último requiere verdaderas políticas sociales”.

    “Para avanzar hacia el logro de unas verdaderas condiciones de igualdad social –tanto pública como privada– es fundamental romper con el mito de que “las mujeres no trabajan” y abandonar la idea maternalista del trabajo de cuidado, según la cual este obedece a una respuesta de los sentimientos producidos como consecuencia de la maternidad; también apartarlo del imaginario servil que lo acompaña y que le resta valor e invisibiliza la importancia de su labor para el desarrollo económico y social del país”, concluye.