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Ciencia y Tecnología

Drones con sensores de realidad virtual ayudarían en hospitales y bodegas

    Imagine un dron del tamaño de una mano volando por un pasillo sin que nadie lo pilotee, sin chocar contra las paredes ni el techo, y todo gracias a una tecnología que solemos asociar con los videojuegos: los sensores de realidad virtual. Aunque suena extraño, eso fue justamente lo que se logró en un laboratorio de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL): hacer que un dron pudiera “ver” y moverse con gran precisión dentro de un salón, sin necesidad de internet ni GPS, sino usando los mismos sensores que detectan a los jugadores cuando se sumergen en mundos digitales.

    Normalmente los drones se orientan usando GPS, una tecnología que permite saber con precisión dónde está un objeto gracias a señales enviadas por satélites. Es como cuando el celular muestra tu ubicación en un mapa. El problema es que esta señal no funciona bien dentro de edificios, porque las paredes y techos la bloquean. Aunque existen otras formas de ubicar drones en interiores, como instalarles cámaras o sensores más complejos, estas opciones suelen ser costosas. En cambio, los sensores de realidad virtual, pensados originalmente para videojuegos, ya vienen diseñados para detectar con precisión la posición de objetos en un espacio cerrado.

    La pregunta que se hizo Lorena Andrea Larotta Mariño, magíster en Ingeniería - Automatización Industrial de la UNAL fue: ¿por qué no usar estos sensores de realidad virtual, pensados para juegos, para que un dron sepa dónde está dentro de un edificio? Aunque la idea parecía arriesgada, abrió la puerta a un sistema más simple, funcional y económico para guiar drones en interiores.

    Para probar su idea, la investigadora adaptó un dron liviano con sensores de realidad virtual y los conectó a dos estaciones base del sistema Lighthouse, que funcionan como pequeños faros: emiten rayos infrarrojos y escanean el espacio para ubicar objetos en tiempo real. Luego desarrolló el software que interpreta los datos enviados por los sensores y le indican al dron por dónde debe ir. Así logró que el dron estimara su posición y siguiera una trayectoria planificada, sin necesidad de piloto ni conexión a internet.

    “Claro, no basta con que el dron sepa su posición, también necesita saber cómo moverse por sí solo. Para lograrlo, le programamos un ‘piloto automático’, una especie de cerebro digital que analiza su posición y orientación, y toma decisiones en tiempo real”, asegura la magíster Larotta.

    Gracias a este sistema, el dron puede mantener la estabilidad durante el vuelo y ajustar su trayectoria si se desvía del camino. En términos de ingeniería esto se conoce como un controlador PID, un algoritmo que regula continuamente sus movimientos para seguir la ruta establecida de forma autónoma.

    Para el proyecto se modificó el software original del dron, conocido como firmware, para incorporar el nuevo sistema de control de posición. También se utilizaron herramientas como MATLAB y Python para procesar los datos y analizar el comportamiento del vuelo. Las pruebas se extendieron durante varias semanas en el laboratorio, con numerosos ensayos que permitieron afinar el sistema hasta lograr trayectorias predefinidas con un margen de error muy bajo.

    Aunque estas aplicaciones aún no son comunes en Colombia, lo más destacado fue que todo se desarrolló con recursos disponibles en un laboratorio universitario, usando componentes comerciales y herramientas al alcance. Así se demostró que sí es posible implementar sistemas de navegación autónoma para drones sin depender de tecnologías costosas ni entornos especializados.

    ¿Y para qué sirve todo esto?

    Un dron que se puede mover con tanta precisión en espacios cerrados no es un juguete: se puede convertir en una herramienta útil en muchos contextos a futuro, por ejemplo: en un hospital para llevar medicamentos o exámenes de un piso a otro sin depender de enfermeros ni ascensores; en una fábrica, para inspeccionar zonas de alto riesgo; en una bodega para volar entre estantes revisando inventarios, como un pequeño asistente aéreo; o en una escuela o universidad para enseñar robótica y automatización sin necesidad de equipos caros ni entornos especializados.

    La investigación, dirigida por el profesor Germán Andrés Ramos Fuentes, de la Facultad de Ingeniería de la UNAL, también es una historia de creatividad aplicada, esas que muestran que innovar no siempre es inventar desde cero, sino mirar lo cotidiano con otros ojos y preguntarse qué pasaría si lo usáramos de forma distinta.

    Porque mientras en muchos lugares se piensa en los drones como juguetes o herramientas de vigilancia, esta tesis los imagina cumpliendo tareas humanas que, dentro de poco, podrían formar parte de nuestra nueva “realidad”.