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Salud

Incapacidad para trabajar de forma remota, principal causa de contagio por COVID-19

    Las disparidades en los tipos de trabajo y la capacidad de poder hacerlos desde casa se muestran como un factor clave asociado con las desigualdades que han influido en la propagación del COVID-19 en Bogotá.

    Así lo evidenciaron investigadores de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), de los Andes y la Javeriana, además de la Secretaría de Salud de Bogotá, quienes diseñaron un modelo predictivo que estableció las variables más efectivas en materia de salud pública para prevenir el contagio por SARS-CoV-2 en la capital del país.

    Se trata de uno de los primeros estudios en estimar la importancia relativa de cada forma de desigualdad para explicar las disparidades en el contagio por COVID-19. Tales estimaciones son relevantes para mejorar el diseño de políticas.

    Los datos del estudio CoVida, proyecto de la Universidad de los Andes que incluye los resultados de 59.770 pruebas de RT-PCR aplicadas en Bogotá a una población adulta, mayormente asintomática, entre principios de junio de 2020 y hasta el 3 de marzo de 2021, se combinaron con datos administrativos de la Secretaría de Salud de Bogotá.

    Para desarrollar el modelo predictivo, a partir de los datos recolectados se definieron cuatro dimensiones transversales: contactos fuera de la casa, contactos al interior del hogar, capacidad de aislamiento y acceso a pruebas y rastreo.

    Estas se cruzaron con un modelo matemático que predecía cómo, alterando las condiciones de alguno de estos factores, se conseguía una disminución en la tasa de contagios del virus en Bogotá.

    Una de las conclusiones principales es que las personas de estratos socioeconómicos más bajos tienen una mayor tasa de infección dentro del hogar, lo cual se relaciona con el hecho de que en una sola vivienda viven muchas individuos, lo que dificulta mantener el distanciamiento social.

    Otro resultado es que las personas de estratos más altos pueden sostener el aislamiento por más tiempo, concretamente por encima de los 14 días exigidos por la política de salud pública en esos momentos.

    De igual manera, la probabilidad de ser detectado por el sistema es sutilmente mayor, si la persona pertenece a estratos altos.

    Rastreo, la medida más ineficiente

    Al cruzar las variables para determinar su efectividad en la salud pública se encontró que si los contactos por fuera de la casa se manejaran como en los estratos altos, la pandemia desaparecería rápidamente, en una incidencia per cápita de infección de menos del 1 %.

    De otra parte, si en los estratos socioeconómicos bajos tuvieran la posibilidad de aislarse y trabajar de manera presencial solo 2,5 días cada 2 semanas, la epidemia disminuiría rápidamente su efecto sobre los contagios, lo mismo que el componente de los contactos dentro del hogar.

    Incluir en el modelo la variable “aislamiento” parece no tener un impacto significativo, ya que los contagios no se producen externamente sino al interior de los hogares.

    Por último, el estudio encontró que el rastreo es la medida menos eficiente como política pública para disminuir a tasa de contagios, ya que el proceso para identificar al infectado es muy lento, lo que ocasiona que mientras se realizan las pruebas y el cerco epidemiológico, el virus se transmita más rápido que el sistema de contención.

    El doctor Andrés Felipe Patiño Benavides, medico de Investigación del Hospital Universitario Nacional, afirma que “las políticas públicas deberían apuntar a inmunizar primero a las personas de estratos socioeconómicos bajos, a raíz de los hallazgos en dificultades de aislamiento y densidad poblacional identificados”.

    Así mismo, sugiere implementar ayudas económicas para mitigar las pérdidas sociofamiliares en dichos estratos, de manera que las familias pudieran concentrar sus esfuerzos en los aislamientos y en medidas de protección individuales.

    Aunque las desigualdades en el comportamiento de aislamiento son menos importantes no son despreciables, mientras que el acceso a las pruebas y el seguimiento de contactos prácticamente no juega ningún papel.

    El estudio completo fue publicado en Nature, una de las revistas científicas más importantes del mundo: https://www.nature.com/articles/s41598-022-11706-7