Consumo de ultraprocesados mantiene alto el exceso de peso en Colombia

En Colombia el aumento en el consumo de alimentos ultraprocesados se relaciona con cambios en los hábitos alimentarios. Fotos: archivo Unimedios.

En América Latina las ventas de ultraprocesados crecieron 26,7 % entre 2000 y 2013, según la OPS.

La industria alimentaria diseña ultraprocesados para ser altamente atractivos al ojo humano.

Niños y adolescentes son uno de los principales públicos objetivo de la promoción de ultraprocesados.

El etiquetado frontal de advertencia permite identificar el exceso de azúcares, sodio y grasas en los productos.
Los alimentos ultraprocesados son productos elaborados a partir de múltiples ingredientes y aditivos como colorantes, conservantes y edulcorantes, diseñados para mejorar su sabor, apariencia y duración. Se caracterizan por su alto contenido de azúcares, sodio y grasas, así como por su bajo valor nutricional, lo que los convierte en una opción frecuente pero poco saludable en la dieta diaria.
“Estos productos implican un mayor grado de modificación industrial y suelen diseñarse para ser intensamente atractivos al gusto, pero esta formulación no responde a criterios nutricionales sino a la aceptación del consumidor”, explica Tania Yadira Martínez, profesora del Departamento de Nutrición Humana de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL).
Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), entre 2000 y 2013 las ventas de estos productos en América Latina crecieron 26,7 %, lo que evidencia un cambio sostenido en los patrones de alimentación.
Además, datos del ANIF - Centro de Pensamiento Económico muestran que en Colombia de los 2,2 billones de pesos recaudados por impuestos saludables, 1,9 billones provienen de productos ultraprocesados, lo que da cuenta de su peso en la economía, y sobre todo en el consumo cotidiano. Frente a este panorama, expertos insisten en la necesidad de comprender mejor sus características y efectos en la salud.
Este fenómeno no es reciente. La Encuesta Nacional de Situación Nutricional de 2015 ya mostraba que más del 50 % de la población adulta presentaba exceso de peso, una condición asociada con enfermedades como obesidad, diabetes tipo 2, afecciones cardiovasculares, hipertensión arterial e incluso algunos tipos de cáncer, y frente a la cual los avances han sido limitados.
El marketing es una de las principales herramientas utilizadas para promover el consumo de estos productos. La industria emplea estrategias como publicidad en televisión y redes sociales, uso de influenciadores, promociones y empaques llamativos, lo que aumenta su visibilidad y refuerza su presencia en la vida cotidiana.
En este contexto, la población infantil se ha convertido en uno de los principales públicos objetivo. Estudios académicos señalan que las bebidas azucaradas, las golosinas, los helados y cereales para el desayuno concentran gran parte de la promoción en el mercado. La OPS advierte que la exposición temprana a esta publicidad influye en las preferencias alimentarias y se asocia con el aumento del sobrepeso y la obesidad.
En el mundo más de 390 millones de niños y adolescentes presentan exceso de peso. En Colombia el 24,4 % de los niños entre 5 y 12 años y el 17,9 % de los adolescentes presentan sobrepeso, según la ENSIN 2015, lo que evidencia que este problema también afecta significativamente a la población infantil del país.
“Antes estábamos más en los campos y ahora hay un efecto de urbanización. Eso hace que los estilos de vida sean más rápidos y se necesiten alimentos más sencillos para el consumo”, señala la profesora Martínez.
Este cambio ha reducido el tiempo destinado a la preparación de alimentos y ha favorecido la elección de productos listos para consumir, desplazando prácticas tradicionales como cocinar en casa y transformando progresivamente la dieta hacia opciones más prácticas y de fácil acceso.
Como respuesta a este fenómeno, en Colombia la Ley 2277 de 2022 introdujo los llamados impuestos saludables, vigentes desde noviembre de 2023, que gravan bebidas azucaradas y productos ultraprocesados con alto contenido de azúcares, sodio o grasas saturadas. Esta medida busca desincentivar su consumo y reducir su impacto en la salud pública.
La normativa también establece la implementación de etiquetado frontal de advertencia en los empaques. Estos sellos, generalmente de color negro, indican si un producto contiene exceso de azúcares, sodio, grasas saturadas o edulcorantes, y le permiten al consumidor identificar rápidamente su composición nutricional.
“Tenemos estrategias como el etiquetado frontal. Cuando una persona va a comprar un producto, puede ver los sellos que indican si tiene exceso de azúcares, sodio o grasas, lo que facilita tomar decisiones frente al consumo”, señala la profesora Martínez, quien fue invitada por la Facultad de Medicina de la UNAL para abordar estos temas en el espacio “Salud UNAL contigo” que se emite por Radio UNAL.
Aun así, los expertos consideran que fomentar hábitos alimentarios saludables en Colombia sigue siendo un desafío. Regular la publicidad, mejorar los entornos escolares y garantizar el acceso a alimentos frescos son acciones prioritarias, junto con el fortalecimiento de la educación nutricional para que la población comprenda mejor los efectos de la alimentación en la salud.