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Política y Sociedad

Constitución de Cúcuta abrió las puertas a la modernidad constitucional del país

    Con su promulgación hace 200 años se dio paso a una manera legítima de organizar al Estado y una forma primaria de relacionarlo con la ciudadanía, buscando una identidad política, social y cultural entre los ciudadanos de un sueño llamado Colombia.

    Durante el seminario “La constitución de Cúcuta de 1821 en su contexto: la primera Constitución de Colombia cumple 200 años”, el profesor David Ernesto Llinás Alfaro, de la Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), destacó que esta Carta Magna, también conocida como Constitución de Cúcuta, tuvo como objeto la creación de la Gran Colombia mediante la unificación de Colombia, Panamá y Venezuela.

    También recordó que en ella se ratifica como presidente de la República a Simón Bolívar y como vicepresidente a Francisco de Paula Santander.

    Para el académico, integrante del grupo de investigación “Constitucionalismo comparado”, de la UNAL, hacia 1810 comienzan a darse las explosiones de revoluciones independentistas en Hispanoamérica con las que se establecieron las repúblicas.

    Señaló además que para el país este hecho fue muy importante porque las provincias o reinos que habían estado subordinados a la Corona española eran libres y ahora eran Estados nacientes, que tenían el derecho a darse un acta de nacimiento, una Constitución propia.

    “La primera Colombia es un proyecto de carácter regional que buscó la unidad política de todas aquellas provincias de la época. Quizás cayeron en la cuenta de que, si no se unían de una forma eficiente y eficaz, perderían cualquier atisbo de libertad, y es entonces cuando crece la conciencia nacional de unidad”, agregó el docente.

    Valores centrales

    Algunos de los principales elementos de la Constitución de 1821 fueron la concepción de que la nación colombiana nunca sería patrimonio de ninguna familia o persona (frase retomada de manera literal de la Constitución de Cádiz de 1812), se abolía la Inquisición, se eliminaba gradualmente la esclavitud y se daba libertad de culto religioso.

    Otros aportes de dicha Carta Magna fueron que el republicanismo representativo rompió el modelo monárquico tradicional y el Estado es reconocido como un actor principal.

    El centralismo, figura en la que el Estado se encarga de manejar el poder político con la idea infranqueable de la unidad nacional, es el modelo administrativo que, salvo algunos momentos excepcionales, terminó imponiéndose como una constante política, incluso en una Constitución tan progresista como la de 1991.

    Para el profesor Bernd Marquardt, de la Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales, quien participó en el seminario, “la Constitución de 1821 tiene los mismos aspectos fundamentales de aquella primera generación de constituciones, con algunas particularidades andinas”.

    Enumeró además aspectos como el inicio de la liberación paulatina de los esclavos y el abandono de la obligatoriedad del culto católico y se promovió la seguridad del ciudadano, entendida como la protección del individuo frente al poder punitivo del Estado, “algo similar a lo que hoy se entiende por debido proceso y derecho a la defensa”, anota.

    El seminario sirvió como escenario propicio para que el Grupo de Investigación Constitucionalismo Comparado presentará el libro La Constitución de Cúcuta de 1821 en su contexto, editado por el Grupo Editorial Ibáñez, obra que reúne 10 textos escritos por 13 autores que, desde sus áreas de experiencia historiográfica, narran la importancia de aquella Constitución para la consolidación de esos cuatro países bolivarianos, pero también para la región y para su entorno continental.