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Ciudad y Territorio

Conflictos sociales y de convivencia urbanos, otra secuela de la guerra

    A través de estrategias como trabajo con los niños, jornadas de limpieza y conservación, además de la creación de una Junta de Acción Comunal, los habitantes de la Ciudadela Santa Rosa, en la localidad San Cristóbal, al suroriente de Bogotá, buscan superar conflictos sociales con familias desplazadas y desmovilizadas que se han asentado de forma irregular en una construcción con problemas jurídicos.

    La Ciudadela Santa Rosa fue pensada y construida por una empresa privada, en las faldas de los cerros Orientales. Sin embargo, por no seguir lineamientos legales, en las viviendas (casas y apartamentos) comenzaron a verse distintas afectaciones, sobre todo en la parte más alta.

    Tras una demanda colectiva que ganaron los propietarios de las viviendas, la constructora tuvo que devolverles el dinero a quienes pensaron, iban a habitar allí el resto de su vida. En consecuencia, muchas de estas casas quedaron abandonadas, el Distrito las selló, y un tiempo después decidió rematarlas.

    Con los vestigios de un conflicto armado amenazando distintos territorios del país y la firma de los acuerdos de paz, comenzaron a llegar a la Ciudadela familias desplazadas buscando un lugar dónde habitar, sin importar que se trataran de casas y apartamentos sin servicios públicos ni redes de comunicación. De igual forma, con los años también fueron llegando personas desmovilizadas con sus familias, con la intención de comprar los predios en remate.

    “En la Ciudadela comienzan a presentarse conflictos sociales, la convivencia se vuelve cada vez más álgida entre estos dos actores y las personas que permanecen como propietarios o arrendatarios, que decidieron quedarse, evidencian el rostro del conflicto armado, que tiene repercusión en las ciudades, pero también de la falta de gestión y seguimiento por parte del Estado y las instituciones oficiales”.

    Así lo afirma Laura Vásquez Guerrero, magíster en Hábitat de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), quien en su trabajo de investigación buscaba conocer, desde la construcción social del hábitat, qué pasaba en la Ciudadela Santa Rosa, y construir en conjunto con la comunidad una serie de estrategias de gestión para investigar algunas de las problemáticas expresadas por los habitantes.

    Aunque la convivencia es quizá el problema que más aqueja a la comunidad, también lo es la ausencia institucional, pues la construcción se dio en una zona de alto riesgo, en donde no solo fueron olvidadas las personas que decidieron quedarse en su predio, sino también familias desplazadas y personas desmovilizadas que llegaron a la zona, sin ninguna otra alternativa por parte del Estado.

    “Todos tenemos formas de habitar diferente, pero al tener características tan diversas a veces es difícil acoplarse en una comunidad. Esto también es un problema para las personas que están llegando a la Ciudadela, porque al no tener apoyo institucional o un acompañamiento, se construyen imaginarios equivocados, hay espacio para el miedo, la vulnerabilidad y demás situaciones que acompañan el choque de realidades”, señala la magíster.

    Trabajo de la mano con la comunidad

    La investigadora realizó un trabajo participativo con la comunidad de Santa Rosa, con una cartografía social hecha en la virtualidad, debido a la pandemia. Durante este proceso, los habitantes de la Ciudadela (propietarios, desmovilizados y desplazados) construyeron una línea de tiempo que registra los eventos más importantes de la Ciudadela, sus características, las problemáticas y cuándo comenzaron a surgir.

    “También hicimos una cartografía territorial en la cual identificamos los puntos seguros e inseguros de la Ciudadela, algunos lugares que generan emociones, como alegría, tristeza, enojo, entre otros, y posibles lugares de reunión, ya que curiosamente esta comunidad no contaba con una Junta de Acción Comunal”.

    Por una mejor convivencia

    El trabajo y análisis de la magíster permitió identificar problemáticas base como la desigualdad, la construcción del otro, la convivencia, estética y propiedad que transforman tanto el hábitat como a los habitantes, pero también surgieron estrategias como un primer paso de mitigación o solución.

    Como forma de mejorar la convivencia, se hicieron diferentes actividades con la población infantil de la Ciudadela, sobre todo en fechas importantes como Halloween y Navidad, en las que se les daban detalles sin importar su procedencia. Estas fechas especiales estuvieron acompañadas de iniciativas como la pintura y embellecimiento de calles, lo que a su vez contribuye a la estética de la zona residencial, algo importante para los vecinos asentados originalmente.

    “Quizá una de las estrategias más difíciles de lograr fue el de las escrituras y los servicios públicos, pues muchas de las familias que llegaron los han ‘pirateado’, lo que a su vez ha generado mucha incomodidad en otros propietarios que piensan que si no son dueños no van a cuidar los bienes comunes”.

    Según la investigadora, aunque la titularidad de las viviendas es viable a través de distintas figuras públicas, puede traer consigo otro tipo de retos y desventajas, como el hecho de tener una mayor carga tributaria y pagos de servicios públicos, entre otros.