¿Cómo crecerá Cali en los siguientes años?

Cali es una ciudad que se sigue expandiendo, por lo que estimar cómo lo hará es importante para su planeación urbana. Foto: Raul Arboleda - AFP

El modelo utiliza una combinación novedosa de sistemas para analizar no solo variables físicas, sino también decisiones humanas. Foto: Valeria Peña, Unimedios

Los modelos tradicionales analizan imágenes generales sobre cómo está el suelo, mas no variables socioeconómicas o sociales. Foto: archivo Unimedios

Entre los factores que más pesan para determinar la expansión de la ciudad está la cercanía de manzanas prediales a centros de salud. Foto: archivo Unimedios

María Alejandra Grajales Quiroga, magíster en Geomática de la UNAL. Foto: María Alejandra Grajales Quiroga, magíster en Geomática de la UNAL.
“El objetivo no es adivinar el futuro sino entender mejor sus posibles caminos”, aclara la investigadora María Alejandra Grajales Quiroga, magíster en Geomática de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), autora de la investigación.
Para ello, el diseñó de su modelo incorpora variables que van más allá de lo físico, como la cercanía a centros de salud, las vías, los niveles de escolaridad o las características de la población, factores que en la vida real influyen en las decisiones sobre dónde se construye y cómo se expande una ciudad.
Para entender cómo funciona el modelo no hay que imaginarse la ciudad hecha de pixeles —como lo hacen muchos estudios tradicionales basados en imágenes satelitales—, sino como lo que realmente es: calles, manzanas y zonas con formas propias. En vez de simplificar el territorio en celdas, el modelo desarrollado por la magíster trabaja con esas formas reales, lo que permite analizar con mayor precisión cómo y dónde puede crecer la ciudad.
La simulación se creó con información pública de la Alcaldía de Cali y el DANE, junto con datos catastrales y cartografía de 1994, 2000 y 2014, años con los que se proyectaron escenarios de crecimiento hacia 2035. El modelo combinó variables físicas, de accesibilidad y socioeconómicas —como densidad poblacional, índices de segregación, niveles de escolaridad y valor del suelo— y, a diferencia de otros estudios basados en píxeles, utilizó la geometría de las áreas de actividad, similares a la manzana catastral, lo que permitió un análisis más preciso del cambio urbano.
“Saber hacia dónde crecerá Cali es crucial porque la ciudad tiene limitaciones importantes para expandirse: hacia el occidente están los Farallones de Cali, una zona protegida en donde no se puede construir, y hacia otros lados, como el sur y el norte, el crecimiento ya alcanzó sus límites administrativos, conectándose en la práctica con municipios como Jamundí y Yumbo”, asegura la investigadora.
Esto ha llevado a que Cali funcione cada vez más como una sola ciudad con sus vecinos, un fenómeno llamado conurbación, que significa que la gente vive en un municipio pero trabaja o estudia en otro. “El problema va en aumento, e incluso en 2024 el área metropolitana de Cali se consolidó por esta dinámica de expansión, similar a lo que ocurre en Bogotá con municipios aledaños como Soacha”, anota.
La investigadora explica que aquí entran dos piezas cruciales para analizar la información. La primera son los autómatas celulares, modelos matemáticos que permiten simular cómo se expande la ciudad desde lo ya construido hacia las zonas cercanas, siguiendo reglas que determinan la probabilidad de transformación del suelo.
La segunda son los modelos basados en agentes; en este caso, el modelo deja de ver el territorio como algo pasivo e incorpora a quienes lo transforman. Cada agente representa decisiones reales: dónde construir, hacia dónde mudarse, o qué zonas resultan más atractivas.
“La innovación está en juntar ambos enfoques, y además hacerlo sobre una base vectorial”, indica la magíster. Mientras muchos modelos tradicionales simplifican el territorio en píxeles y se enfocan en variables físicas, esta investigación trabaja con unidades más cercanas a la realidad e incorpora la dimensión humana.
El resultado no es solo una simulación más precisa, sino una mejora medible en la forma de entender la ciudad. Al integrar decisiones humanas en el modelo, el desempeño alcanzó cerca del 88 % de exactitud, frente a 62 % aproximado cuando se usan solo autómatas celulares. Esto muestra que incorporar el factor de cómo toman decisiones las personas no es un detalle, sino un elemento que cambia sustancialmente la capacidad de anticipar el crecimiento urbano.
Además, el modelo permitió identificar qué factores pesan más en esa expansión para un agente residencial. Los resultados muestran que cerca del 38 % del cambio urbano se asocia con la cercanía a servicios como salud y espacios públicos; el 31 % con variables socioeconómicas como el nivel de escolaridad, y un 18 % con la proximidad a vías principales, lo que confirma que la ciudad no crece solo por su geografía, sino también por las oportunidades que ofrece.
En las simulaciones ese comportamiento se traduce en que Cali tendería a expandirse reforzando sus bordes y consolidando los corredores que la conectan con Palmira y Yumbo, en lugar de dispersarse en múltiples puntos aislados. Más que crecer hacia afuera sin control, la ciudad seguiría extendiéndose sobre lo ya construido, ocupando progresivamente las zonas con mejores condiciones de acceso y servicios.
Otro hallazgo importante es que hacia 2035 Cali no crecería aceleradamente sino de manera más limitada, y especialmente en uso residencial. Esto se debe a que la ciudad ya casi no tiene espacio para expandirse —por restricciones naturales como los Farallones y por límites normativos—, por lo que el reto no es tanto crecer más, sino usar mejor el suelo disponible.
“El principal aporte está en la herramienta: es dar un primer paso para entender de forma distinta dinámicas como el uso del suelo y la urbanización”, concluye la investigadora.