“Chucua”, exposición de la UNAL que resalta la importancia de los humedales

El zorro cangrejero habita en los Cerros Orientales y humedales de Bogotá y cumple un papel importante en el control de roedores e insectos. Fotos: María Fernanda Londoño, Unimedios.

El currucutú, habitante de Bogotá y sus alrededores, contribuye al equilibrio del ecosistema al regular poblaciones de otras especies.

El sapo de caña habita en los humedales bogotanos y se defiende mediante glándulas venenosas ubicadas detrás de los ojos.

El cucarachero de pantano es una especie en peligro crítico de extinción, con cerca de 2.500 individuos registrados.

En la exposición los visitantes pueden conocer la diversidad de fauna y flora que habita los humedales de la ciudad.

El capitán de la Sabana está en peligro crítico de extinción debido a la contaminación de los cuerpos de agua donde vive.

Esta exposición invita a la comunidad a acercarse a los humedales mediante experiencias interactivas y pedagógicas.

Los visitantes pueden compartir experiencias y conocimientos sobre los humedales a través de espacios participativos.

La garcilla rallada, residente de los humedales de Bogotá, indica la calidad del agua y controla poblaciones de insectos acuáticos.

La serpiente sabanera, presente en la UNAL, actúa como controlador biológico y contribuye al equilibrio del suelo.

En Bogotá hay 17 humedales reconocidos por el Distrito, los cuales SE pueden identificar en el mapa interactivo de la exposición.

Las pistas del recorrido permiten aprender de manera lúdica sobre la importancia de cuidar estos ecosistemas.
Allí habitan especies adaptadas a suelos saturados y dinámicas cambiantes, desde mamíferos como el zorro cangrejero hasta reptiles como la serpiente sabanera, además de plantas acuáticas y microorganismos que contribuyen al almacenamiento natural de carbono.
La muestra también recupera relatos de origen asociados con estos paisajes, entre ellos el mito de Bachué, según el cual de la laguna de Iguaque emergió una mujer con un niño en brazos; cuando este creció, tuvieron muchos hijos y dieron origen al pueblo muysca. Así, los humedales no solo son reservas ecológicas, sino también territorios de memoria y tradición.
La exposición incorpora espacios participativos como el “Mapa parlante”, en el que los visitantes identifican ríos y humedales de Bogotá y comparten saberes o experiencias vinculadas al agua. “Es una forma de reconocer el territorio desde lo cotidiano, de entender que cada acción, por pequeña que parezca, puede contribuir a su cuidado”, explica Eduardo Sarmiento, profesional del área de educación y cultura del Museo.
Para el público infantil, la exposición propone un recorrido guiado por pistas distribuidas en la sala representadas en huellas de pato, conejo, zorro y garza que conducen a una maqueta a gran escala del ecosistema del humedal y de las especies que lo habitan. Febrero, mes dedicado a estos entornos, se convierte así en una oportunidad para comprender su función como barreras naturales frente al cambio climático.
“Chucua” estará abierta hasta el 28 de febrero. La invitación es a conocer estos ecosistemas, reconocer su valor y adoptar acciones cotidianas que contribuyan a su cuidado.