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Ciencia y Tecnología

Así intentan entender uno de los trastornos hormonales más comunes en mujeres

    Un modelo matemático desarrollado en la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín busca entender cómo se conectan dos procesos centrales del síndrome de ovario poliquístico: el desbalance hormonal que altera la ovulación y los cambios metabólicos asociados con la insulina y la glucosa. La propuesta podría ayudar a explicar por qué este trastorno se manifiesta de formas tan distintas entre mujeres.

    El síndrome de ovario poliquístico es una condición hormonal frecuente en mujeres en edad reproductiva. Puede alterar la ovulación, provocar ciclos menstruales irregulares, acné, exceso de vello en rostro o cuerpo, dificultad para quedar en embarazo y cambios metabólicos que aumentan el riesgo de diabetes. En Colombia se estima que entre el 6 y 12 % de las mujeres en edad fértil podrían tenerlo, aunque muchas no están diagnosticadas.

    María Alejandra Rojas, ingeniera química e integrante del grupo de investigación Kalman de la Facultad de Minas de la UNAL Sede Medellín, explica que no hay una causa única ni completamente entendida sobre este trastorno.

    “Aunque se han identificado múltiples factores asociados con dicha afección, su causa exacta sigue sin estar completamente clara. Parte de la dificultad radica en que se trata de un trastorno en el que interactúan alteraciones hormonales y metabólicas cuya relación aún no se comprende del todo”, afirma la investigadora.

    Esa falta de claridad fue el punto de partida de su trabajo de grado, orientado a sentar las bases de un modelo matemático que permita representar el síndrome desde dos dimensiones conectadas: el sistema hormonal —encargado de regular la ovulación— y el sistema metabólico, relacionado con la manera como el cuerpo procesa la glucosa y responde a la insulina.

    Para llegar a ese punto, la ingeniera primero revisó las investigaciones  de los últimos años sobre el síndrome de ovario poliquístico, especialmente los pocos estudios que han intentado modelarlo con matemáticas.

    “Aunque existe una amplia literatura clínica sobre el trastorno, centrada en síntomas, diagnóstico y tratamiento, los intentos por representarlo como un sistema son escasos; se enfocaban únicamente en aspectos aislados, como solo las hormonas o solo el metabolismo”, señala.

    En ese ejercicio también identificó que los estudios están poco conectados entre sí, lo que ha limitado la construcción de una visión más integral del síndrome.

    Un trastorno que no se explica por una sola vía

    A partir de esa revisión, la ingeniera química definió los procesos del cuerpo que debían entrar en el modelo. En el frente hormonal incluyó los andrógenos —hormonas que en exceso pueden alterar la ovulación y favorecer síntomas como acné o crecimiento de vello— y las hormonas luteinizante y foliculoestimulante, encargadas de intervenir en la maduración y liberación de los óvulos.

    En el componente metabólico incorporó la relación entre insulina y glucosa. En muchas mujeres con el síndrome de ovario poliquístico el cuerpo responde peor a la insulina, hormona que ayuda a regular el azúcar en la sangre. Para compensar esa resistencia, el organismo produce más insulina, y ese exceso puede estimular una mayor producción de andrógenos en los ovarios, reforzando así el desbalance hormonal y afectando la ovulación.

    “Estos elementos son determinantes porque en esta enfermedad la resistencia a la insulina hace que el cuerpo produzca más, lo que a su vez impacta el funcionamiento hormonal”, anota.

    Con esas piezas definidas, el siguiente paso fue traducir las relaciones biológicas a un lenguaje matemático. La autora propuso cómo se formularían ecuaciones para describir cómo cambian en el tiempo variables como las hormonas, la insulina y la glucosa, y cómo se afectan entre sí. Dicho de otra manera, esas ecuaciones funcionarían como reglas para simular el comportamiento del síndrome y observar cómo una alteración puede mover todo el sistema.

    “El potencial de estas herramientas está en su capacidad para simular escenarios complejos. Un modelo matemático permitiría explorar cómo evoluciona el síndrome en el tiempo o cómo respondería a distintas intervenciones sin necesidad de ensayos directos en pacientes, algo que no sería ético en todas las ocasiones”.

    “También ayudaría a entender por qué algunas mujeres desarrollan ciertos síntomas y otras no, incluso bajo condiciones similares. Sin embargo este es un modelo inicial que aún no se ha probado con datos clínicos ni permite hacer las predicciones, pero sí establece las bases para construir las ecuaciones en un futuro”, explica.

    Uno de los aportes del trabajo es insistir en que el síndrome de ovario poliquístico se debe entender como un sistema en movimiento y no como una lista fija de síntomas. Por eso también llama la atención sobre vacíos históricos en el estudio clínico de los cuerpos de las mujeres, como la poca medición de la testosterona y su relación con el metabolismo de la glucosa.

    Por ahora el trabajo de grado de la ingeniera Rojas muestra que sí es posible integrar diferentes dimensiones —como la hormonal y la metabólica— para comprender el síndrome de ovario poliquístico.

    “El modelo propuesto no busca ofrecer respuestas definitivas, sino servir como un punto de partida para futuras investigaciones que permitan entender al trastorno como un sistema, es decir como un conjunto de factores que se afectan entre sí constantemente”, concluye.