Ciudad Universitaria: la vigencia de un proyecto moderno - UNIMEDIOS: Universidad Nacional de Colombia
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Ciudad Universitaria: la vigencia de un proyecto moderno

Por el brote del SARS-CoV-2, el octogésimo segundo cumpleaños de la apertura a la ciudadanía del Campus de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) en Bogotá –5 de agosto de 1938– lo encuentra, como todos los espacios públicos del mundo, vacío de los 40.000 mujeres y hombres que cotidianamente lo ocupan en busca de conocimiento, sensibilidad, cultura, arte y ciencia.

Bogotá D. C., 05 de agosto de 2020Agencia de Noticias UN-

El campus de la UNAL en Bogotá se inauguró en 1938. Fotos: archivo Unimedios.

La vigencia arquitectónica y urbanística del campus en el ordenamiento de Bogotá muestra lo asertiva que fue su articulación al proyecto de nación moderna.

Es inaplazable la necesidad de establecer una relación seria y responsable entre la universidad y la sociedad.

La construcción del campus de la Universidad buscaba incentivar y dinamizar el crecimiento de la aldea bogotana hacia el occidente, para construir la metrópoli que efectivamente se constituyó en la Sabana.

Fernando Viviescas, profesor del Instituto de Estudios Urbanos de la UNAL.

Así retrata el profesor Fernando Viviescas, del Instituto de Estudios Urbanos (IEU) de la UNAL, la imagen de la Ciudad Universitaria en su aniversario 82, que, según una carta dirigida al presidente de la República por parte de algunos representantes profesorales, celebra esta fecha albergando al primer centro educativo del país “en una crisis económica muy honda por causa de la pandemia y del déficit acumulado por el modelo de autofinanciamiento creciente”.

Para el docente, sin embargo, tanto la vigencia arquitectónica y urbanística del campus en el ordenamiento de Bogotá como la pertinencia política y cultural de la acción que desarrolla la Institución en la coyuntura actual muestran lo asertiva que fue su articulación al proyecto de nación moderna que se formuló en los años treinta.

En ese sentido, recuerda un artículo reciente en la revista Nature, en el que la periodista científica Alexandra Witze singulariza el deterioro de la situación financiera de estas instituciones cuando pase la pandemia, como un hecho bastante determinante de la eventual continuidad de muchas de las universidades en el mundo.

De esta manera se ubica en el orbe el problema fundamental de la financiación de la educación superior –y por extensión la de la investigación científica, la producción de conocimiento y del desarrollo del pensamiento crítico– en un lugar preponderante de la discusión –planteada por las movilizaciones que hoy recorren el espacio público de las metrópolis del orbe– sobre el tipo de sociedad que habrá que construir una vez superemos la pandemia o, mucho más probable, hayamos aceptado que tenemos que convivir con ella.

Y de forma más esencial, no solo de la financiación de tales centros de conocimiento sino de la calidad estructural de la relación universidad-sociedad.

Según el profesor Viviescas, hoy es evidente la precariedad tanto de los medios experimentales y productivos para obtener una vacuna que elimine el virus con la debida celeridad e idoneidad como de los acuerdos infraestructurales que debieran garantizar su distribución democrática en el mundo. Ello debido fundamentalmente a que el neoliberalismo prevaleciente fue dejando a la investigación científica y a la misma educación sin recursos financieros y, últimamente, está minando la credibilidad y la eficacia de aquellos organismos internacionales que, como la Organización Mundial de la Salud (OMS), pudieran liderar dicha entrega.

Universidad y sociedad, una relación seria

Esta circunstancia pone en primerísimo lugar la necesidad inaplazable de restablecer –o, como en el caso colombiano, de establecer verdaderamente– una relación seria y responsable entre la universidad y la sociedad, pues esta no puede quedar reducida a la que se materializa con la matrícula de los estudiantes, advierte el profesor Viviescas.

Según la periodista Witze, algunos investigadores sostienen que esta circunstancia puede llevar a las universidades y a las agencias de financiación a privilegiar proyectos de investigación y de infraestructura relevantes para los intereses y el desarrollo de los países. Por ejemplo, “el Gobierno del Reino Unido está estableciendo un grupo sostenible de trabajo que tiene como objetivo evaluar proyectos de investigación en todas las universidades con miras a planificar el futuro del país a largo plazo.”

Desde el punto de vista de las ciudades, que es donde vive la mayoría de la población, el horizonte político y cognitivo que abre esta perspectiva de relacionamiento tiene una enorme significación. En los últimos cien años, la imaginación y el trabajo humanos han producido esas inmensas complejidades socioeconómicas que son las metrópolis del siglo XXI, las cuales, por las mismas razones de su existencia, se han constituido en las mayores instituciones demandantes de conocimiento.

Esa demanda de investigación, experimentación y modelación construye un dramático escenario en el cual la pregunta por el destino de la universidad como institución alcanza un horizonte existencial, pues ya no puede limitarse a la respuesta que pueda dar con respecto a la superación del COVID-19. La cuestión empieza a comprometer su visión en torno al examen, el análisis crítico y la eventual solución a la sociedad que debe construirse a partir de ahora.

Racismo, chovinismo, discriminación, machismo; profunda concentración de la riqueza, desigualdad extrema, precarización del empleo, extensión del trabajo informal, segregación socioespacial urbana y regional, exclusiones del servicio médico, persistencia estructural de la producción y del consumo que profundizan el calentamiento global, costos crecientes y excluyentes de la educación y limitaciones financieras a la investigación científica son situaciones que empiezan a llenar el arco de reivindicaciones con las cuales se han visto convocadas las multitudes urbanas del mundo entero.

Esos fenómenos van a continuar llenando los marcos programáticos y activistas de las organizaciones políticas y a determinar el direccionamiento de las propuestas de gobernabilidad que se van a construir para proponer a las ciudadanías de todo el orbe.

De la misma manera, ese abigarrado grupo de fenómenos, problemáticas, procesos y confrontaciones funcionando al mismo tiempo –y determinando el diario vivir y las perspectivas estratégicas de las multitudes de las metrópolis contemporáneas– configura el escenario que lo convierte en el objeto de estudio más complejo que se haya podido constituir en el orbe y, por ende, en el entorno de actuación por excelencia de las universidades y las agencias de financiamiento cuando, como lo presumen los investigadores que menciona la periodista Witze en su artículo, pasada la pandemia, salgan a buscar financiamiento mediante el tratamiento e investigación de proyectos e infraestructuras que sean relevantes para el desarrollo nacional y local”.

De la aldea a la metrópoli

Al volver a la pertinencia de la inauguración del Campus de la Universidad hace 82 años, el profesor Viviescas recuerda que la construcción de esa parte del territorio urbano no solo buscaba incentivar y dinamizar el crecimiento de la aldea bogotana hacia el occidente, para construir la metrópoli que efectivamente se constituyó en la Sabana, sino que su ordenamiento espacial y urbanístico, con su nuevo lenguaje, además de cualificar el funcionamiento universitario, propiciaba la posibilidad de la financiación misma de la universidad.

Por eso, el académico subraya que retumban las palabras pronunciadas por quienes trabajaron para reinstitucionalizar la Universidad hace más de ochenta años por boca de uno de los integrantes de esos grupos, el doctor Luis de Zulueta:

“¿Qué debe ser hoy la Universidad? ¿Cuál es su verdadera misión en nuestros tiempos? [...] No solo los hombres de ciencia o los profesionales salidos de sus aulas, sino las grandes masas ciudadanas se plantean ya el problema de la universidad […] [una de cuyas principales] funciones sería la de influir en toda la vida social, extendiendo a la colectividad entera, en la medida de lo posible, el fruto de las tareas universitarias. La Universidad sería entonces la autoridad científica de la Ciudad. La inspiraría, la ilustraría, le aconsejaría mejoras culturales y sociales”.

(Por: fin/FV/MLA
)
N.° 767

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