Alerta por posible brote urbano de fiebre amarilla en América Latina

Entre 2024 y 2025 se han confirmado en Colombia más de 100 casos de fiebre amarilla y 34 defunciones. Foto: Raúl Arboleda/AFP.

La publicación en The Lancet busca visibilizar la reemergencia de la fiebre amarilla y reforzar la respuesta científica y sanitaria en América Latina. Foto: María Fernanda Londoño, Unimedios.

La fiebre amarilla es endémica de 13 países de América Latina y ha comenzado a expandirse fuera de la región Amazónica. Foto: archivo Unimedios.

Altas temperaturas, humedad, agua estancada y cobertura vegetal densa favorecen la presencia del mosquito vector de la fiebre amarilla. Foto: archivo Unimedios.

Los expertos recomiendan fortalecer la vacunación, especialmente en zonas rurales con dificultades de acceso y vigilancia. Foto: Leonardo Munoz /AFP.
Así lo advierte la carta de reflexión “Desafíos del actual brote de fiebre amarilla en Colombia”, del médico infectólogo Carlos Arturo Álvarez Moreno, profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), y Alfonso Rodríguez, de la Universidad Científica del Sur en Lima, publicado en The Lancet.
En el texto, los expertos alertan sobre el resurgimiento de la fiebre amarilla en Colombia —con más de 110 casos confirmados entre 2024 y lo corrido de 2025—, en zonas no asociadas históricamente con la transmisión, como el valle superior del río Magdalena; y también del creciente riesgo de expansión en las Américas por fallas en la cobertura de vacunación, expansión de economías ilícitas y deforestación, factores que alteran los ecosistemas facilitando la propagación del mosquito vector, que además se habría adaptado a altitudes de hasta 2.200 msnm.
“Esta enfermedad, considerada como endémica de áreas selváticas o boscosas, se está desplazando a regiones en donde no circulaba antes, lo que enciende las alarmas sobre un posible brote urbano”, explicó el médico Álvarez.
Esta reaparición se daría por dos razones: primera, porque en zonas rurales hay poblaciones que se están infectando sin ser detectadas, lo que permite que la transmisión continúe silenciosamente; y segunda, porque las condiciones climáticas cambiantes han favorecido la adaptación de algunos vectores.
Particularmente los mosquitos Haemagogus y Sabethes, transmisores en zonas rurales, estarían ampliando su presencia, a lo que se suma la preocupación por el Aedes aegypti, un vector que también transmite dengue, chikunguña y zika, y que es capaz de propagar la fiebre amarilla en contextos urbanos.
“Si este mosquito comienza a transmitir activamente la enfermedad en ciudades, podríamos enfrentar escenarios similares a los del siglo pasado”, advirtió el experto. Entre los siglos XVII y XIX la fiebre amarilla causó grandes epidemias que interrumpieron el desarrollo económico, provocaron migraciones y diezmaron poblaciones tanto en América como en Europa.
Aunque la fiebre amarilla es prevenible con una vacuna segura y altamente eficaz, los desafíos para su control van desde las dificultades logísticas en la vacunación de poblaciones dispersas, hasta la limitada disponibilidad de dosis, sumado a los problemas de orden público que dificultan el acceso a ciertas regiones apartadas del país, ya que muchas de las personas en riesgo viven en zonas de difícil acceso y con presencia de conflictos armados.
Respecto a la desinformación que circula sobre los efectos secundarios de la vacuna, especialmente en personas mayores de 60 años, el doctor Álvarez explicó que “aunque hay un riesgo ligeramente mayor de efectos adversos en esta población (12 casos por millón frente a 4 por millón en menores), el riesgo sigue siendo bajo en comparación con el de morir por la enfermedad. Por eso las personas mayores que viven en zonas endémicas deben vacunarse”.
Según el Instituto Nacional de Salud (INS), del 1 de enero al 18 de junio de 2025 Colombia registró 87 casos de fiebre amarilla, la mayoría de ellos en zonas rurales del Tolima. La mortalidad sigue siendo preocupante, pues se estima que hasta un 10 % de los casos graves pueden ser letales. Sin embargo, muchos casos leves pasan desapercibidos porque los síntomas se pueden confundir con otras infecciones virales como el dengue.
El artículo publicado en The Lancet también menciona la situación en otros países de América Latina, en donde se han reportado brotes recientes. Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), esta enfermedad es endémica y sigue latente en 13 países y territorios de América Central y del Sur (Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guayana Francesa, Guyana, Panamá, Paraguay, Perú, Surinam, Trinidad y Tobago, y Venezuela), en donde se han reportado brotes periódicos con saldo de muertes.
El doctor Álvarez señala que “el cambio climático, la deforestación y la urbanización sin control pueden estar modificando los ecosistemas y favoreciendo la expansión del mosquito vector en el continente”.
La OPS coincide y advierte que en 2024 se registraron en Sudamérica 61 casos y 30 muertes, con 295 casos y 125 fallecimientos reportados al cierre de mayo de 2025, así como un cambio en la distribución geográfica, pues mientras que los brotes del año anterior se concentraron en la cuenca Amazónica, en lo corrido de este año ha comenzado a extenderse hacia zonas históricamente no afectadas.
El nombre de esta enfermedad hace alusión al tono amarillento que adquiere la piel de algunos pacientes por la ictericia, uno de los síntomas más característicos en los casos graves, cuando el virus afecta el hígado dificultando su capacidad para procesar y eliminar la bilirrubina.
Su propagación está estrechamente relacionada con las condiciones que favorecen la proliferación del mosquito vector, como temperaturas cálidas, alta humedad, lluvias frecuentes, presencia de cuerpos de agua estancada y entornos con abundante vegetación, como bosques y zonas rurales arborizadas.
El doctor Álvarez recomienda que quienes planeen viajar a zonas rurales o endémicas, como partes del Tolima y Huila, se vacunen con al menos 10 días de anticipación, especialmente ahora que se acercan las fiestas de San Pedro y aumentan los desplazamientos hacia estas regiones.
Por último, el profesor José Fernando Galván, decano de la Facultad de Medicina de la UNAL, señala que publicar en la revista The Lancet no solo permite visibilizar la magnitud del problema, sino que además posiciona el trabajo científico desarrollado en Colombia.
“Este artículo permite que el mundo conozca lo que estamos enfrentando, y al mismo tiempo muestra la capacidad investigativa de la UNAL y su Unidad de Infectología. También sirve de ejemplo e inspiración para que más académicos y estudiantes generen investigación de alto impacto”, concluye el directivo.