Escudo de la República de Colombia

Prensa

24 de September de 2017, 00:00 pm

Sin maíz no hay país

[...] y mujeres, por la supervivencia y desarrollo de la especie humana.

En la universidad colombiana reivindicamos con el finado profesor de la Universidad Nacional sede Palmira, Hernando Patiño Cruz, que compartió sus planteamientos con todas las universidades del país, incluida nuestra universidad del Magdalena, [...]

El Frente Colombia


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Tema: Universidad Nacional - Artes y Cultura Autores: Escribe: Ing. Rigoberto Abello Soto Columnista/EL FRENTE

Las plantas curan

Una verdad inocultable que también afecta nuestra soberanía nacional y Santander, no escapa a esta debacle. El Ingeniero Agrónomo, Hernán Pérez Zapata, hace aquí un recuento histórico del acontecer del sector agropecuario desde hace unas cuatro décadas, al paso de varias administraciones presidenciales de diferentes colores políticos y un centenar de ministros de Agricultura, se han hecho los invisibles ante la problemática del sector del Agro.

Este título proviene de los indígenas, campesinos y empresarios agrícolas de México donde se originó el cultivo de maíz. Fue traído muy posiblemente por el mar, al norte de Colombia y Venezuela, hace unos 8.000 años. Y de estas tierras se extendió a toda Colombia y al mundo entero.

Pero si vamos más allá de este antecedente, en la historia de más de cien mil años de la humanidad, podemos encontrar que nuestros alimentos de hoy, son producto del trabajo. Esto es así, desde los primeros pobladores del planeta, los millones de mujeres y hombres que desarrollaron el trigo en las orillas de los ríos Tigris y Eufrates, en el Asia Menor; el arroz, quienes se establecieron en la China; el maíz, los que se establecieron en la Península de Yucatán; la papa, los que se ubicaron en las partes altas de las mesetas de Bolivia y Perú.

Así, ocurrió con los demás productos vegetales y animales que se constituyeron en la base de la alimentación de la humanidad. Entonces, que no nos vengan a decir los neoliberales y las multinacionales de semillas, que el maíz, el trigo, el arroz, la papa, para hablar sólo de los cuatro productos más importantes de nuestra dieta alimentaria mundial, que el desarrollo evolutivo de los cultivos industriales puede ser objeto de la apropiación privada, porque esos productos vegetales y los animales son patrimonio del trabajo y resultado de la lucha de miles de millones de hombres y mujeres, por la supervivencia y desarrollo de la especie humana.

En la universidad colombiana reivindicamos con el finado profesor de la Universidad Nacional sede Palmira, Hernando Patiño Cruz, que compartió sus planteamientos con todas las universidades del país, incluida nuestra universidad del Magdalena, la lucha por una cultura nacional y científica al servicio de la nación y el pueblo Colombiano.

Es decir, la lucha por el conocimiento científico y tecnológico más avanzado para ponerlo al servicio de nuestra nación y de nuestros compatriotas. Su visión por una Agricultura Ecológica está en consonancia con la historia de cien mil años de la humanidad y con sus planteamientos que se resumían en sus conclusiones de una de sus conferencias más notables: "De las estrellas... al hombre".

El maíz ha ido de la mano de la conquista, colonia y poblamiento de todos los climas del país y del continente. Su cultivo permitió a las comunidades primitivas y a las llegadas de España a extender el cultivo por doquier.

Hoy se puede afirmar que no hay colombiano que no sepa como cultivar y consumir ampliamente el maíz.

Gregorio Gutiérrez González, el poeta de la raza, dedicó hermosas páginas al Instructivo para el cultivo del maíz, en una de las composiciones más hermosas de la literatura española y universal. Decía nuestro poeta:

El Gobierno Colombiano con la participación de los técnicos nacionales, impulsó la experimentación del maíz y el trigo por lo menos unos 70 años en sus granjas.

Entre ellos participaron el hijo de un campesino del corregimiento de Mal Abrigo, Cerro de San Antonio en el Departamento del Magdalena, el Investigador Manuel

Torregroza Castro, y su profesor, el destacado experimentador Eduardo Chavarriaga Misas, que se convirtieron en dos de los mayores expertos en el mejoramiento del cultivo del maíz en el continente y en el mundo.

Con su grupo de trabajo, coleccionaron todas las 25 razas de maíz de todos los climas. Se constituyó un Banco Mundial de Semillas de Maíz. Aún debe mantenerlo el Gobierno con Corpoica y el ICA en la Sabana de Bogotá. Se tenían más de 6.500 semillas seleccionadas sobre la base de los maíces nativos de nuestros indígenas y campesinos y los maíces resultantes de sus experimentos.

Se tienen dos sistemas de explotación del cultivo del maíz. El uno, el tradicional que tiene menores rendimientos y utiliza semillas tradicionales. El otro, el tecnificado que utiliza semillas mejoradas y sistemas más modernos de cultivo. El primero mantiene rendimientos que no llegan a los 1.500 kilos por hectárea. El segundo sistema tiene rendimientos de más de 2.500 kilos por hectárea. En algunos casos sus rendimientos sobrepasan los 5.000 kilos y en EE.UU. con los maíces transgénicos más de 10 toneladas por hectárea.

Las misiones y compañías transnacionales de los Estados Unidos que han intervenido en el país se han llevado la mayor parte de esos valiosos materiales genéticos.

En algunos casos las han patentado con algunas modificaciones secundarias, como es el caso de la variedad del maíz ETO, la más importante variedad producida en Colombia y una de las más importantes producidas en el mundo. Sirvió para calmar el hambre en la India y en 38 países más, según su creador el investigador Eduardo Chavarriaga Misas.

Una universidad de los E.U., se apropió de esos materiales naturales, patrimonio de los colombianos y de la humanidad. Con algunas pequeñas modificaciones patentó la semilla del Maíz ETO. Quien la quiera cultivar y comercializar tendrá que pagar regalías a esa universidad. Muchos otros maíces mejorados, incluidos los transgénicos se han producido con base en nuestras semillas nacionales. En E.U. con su moderna tecnología, ampliamente financiada por el Estado, los rendimientos de maíz sobrepasan en muchos casos los 20.000 kilos por hectárea.

Colombia llegó a tener uno de los más avanzados sistemas de investigación y experimentación en maíz entre 1930 y 1990.

Con las imposiciones de las políticas neoliberales se ha eliminado gran parte de esa experimentación. Ya no reproducen y distribuyen las semillas e híbridos como lo hacía la Caja Agraria. Tampoco se compran las cosechas a los productores como lo hacía el IDEMA. Ni se presta a los productores, suficiente y oportuno crédito que con bajos intereses ayudaban a la producción nacional tras la eliminación de la Caja de Crédito Agrario, que era denominada el Banco de los Campesinos.

Desde 1990 empezamos las importaciones de maíz de los E.U., con 20.000 toneladas anuales. Ahora importamos más de dos millones de toneladas anuales.

Solo queda una producción de un millón de toneladas en las zonas campesinas y empresariales de la Costa Atlántica, principalmente en el Departamento de Córdoba. Esa producción y las de los campesinos colombianos en sus pequeñas y medianas parcelas están condenadas a su desaparición por la competencia desigual con los maíces producidos y subsidiados por más de 200 años de los E.U.

E.U. nos vende al principio un producto subsidiado y más barato, mientras se quiebran los productores nacionales.

Después vienen todas las maniobras para evitar el cultivo de los países de origen del maíz y que sean ellos, los estadounidenses y sus transnacionales los que nos vendan sus semillas mejoradas y las cosechas al precio que ellos quieran y con las condiciones que nos impongan. La situación se agrava actualmente por la creciente utilización del maíz para producir etanol que ha hecho que los precios aumenten considerablemente y tengamos qué pensar en importar el producto desde Tanzania en África.

Los mexicanos, a raíz de la quiebra de la producción maicera, por las importaciones desde E.U. a raíz de su tratado de libre comercio con Norteamérica, enarbolan ahora la consigna: Sin maíz, no hay país.

Escribe: Ing. Rigoberto Abello Soto Columnista/EL FRENTE

Qué bello es el maíz

Mas la costumbre No nos deja admirar su

bizarría, Solo porque se da todos los días.