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Prensa

13 de September de 2017, 00:00 pm

QUE NO LO AVERGÜENCE LA INCONTINENCIA

[...] realizados durante el parto, los cuales terminan por debilitar los músculos del suelo pélvico.

Según Jairo Amaya, ginecólogo, profesor de la Universidad Nacional, estas pérdidas de orina pueden empezar durante el embarazo y continuar. Y aunque es una condición temporal, en muchos casos requiere intervenciones [...]

El Tiempo Colombia


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SALUD

QUE NO LO AVERGÜENCELAW INCONTINENCIA

Consulte a su médico si fugas se prolongan más de dos semanas. Incontinencia: que no le gane la pena Es tan frecuente como silenciosa y vergonzante. Afecta ia calidad de vida, principalmente, de mujeres mayores.

Carlos Francisco Fernández Asesor médico de EL TIEMPO

La tos, amarrarse los zapatos, un estornudo o simplemente reír pueden ser suficientes para producir escapes involuntarios de orina, los cuales, además de sorpresa, generan inquietud, pero muchas veces se quedan en silencio, como si fueran una intimidad que ha hecho de la incontinencia urinaria (así se llama esta condición) una enfermedad vergonzante.

Es tan evidente la reserva que al hablar de estadísticas los rangos son singularmente amplios. Datos de la Sociedad Española de Urología, por ejemplo, dicen que la incontinencia urinaria (IU), como causa de pérdidas de orina al menos de una vez en el último año, afecta a entre el 5 y el 69 por ciento de las mujeres y entre el 1 y el 39 por ciento de los hombres.

Son estadísticas poco concretas, pero permiten observar que la IU es el doble de frecuente en las mujeres que en los hombres. Por su parte, la Organización Mundial de la Salud (OMS) refiere que este padecimiento puede afectar a dos de cada cinco mujeres por encima de los 35 años. ¿Cómo sabe el cuerpo que debe desocupar?

Si hay algo que la evolución ha llevado casi hasta la perfección, es el control voluntario de los esfínteres. De acuerdo con la Sociedad Española de Urología, cuando la vejiga se encuentra medio llena, los nervios sensitivos ubicados en ella le envían una señal al cerebro para que sepa que tiene que expulsar. De vuelta, el cerebro le ordena a los músculos que forman el esfínter interior (puerta de salida de la vejiga), para que se relajen y permitán la salida de la orina. Sin embargo, esto no es posible hasta tanto la corteza cerebral que controla de manera voluntaria el esfínter exterior se relaje a partir de una orden consciente que hace cada persona. En otras palabras, cada individuo es, en últimas, el que controla este mecanismo.

Pero para que esto funcione, es necesario que las estructuras musculares, ligamentarias, glandulares y nerviosas funcionen de manera adecuada. Por ejemplo, existen los denominados músculos del suelo pélvico, que están situados bajo la vejiga y alrededor de la uretra (tubo por donde sale la orina al exterior), y se encargan del control correcto de la vejiga.

De hecho, el Observatorio Nacional de Incontinencia, en España, calcula que una de cada cuatro mujeres y uno de cada ocho hombres experimentan alteraciones en este proce

so de eliminación de la orina en algún momento de su vida, lo que configura la incontinencia urinaria. Causas físicas, personales y médicas

El embarazo y el parto vaginal, con todos los cambios que producen en la mujer a nivel físico y hormonal, pueden desencadenarla como consecuencia de una combinación entre los cambios hormonales, la presión que ejerce el útero sobre la vejiga y los esfuerzos realizados durante el parto, los cuales terminan por debilitar los músculos del suelo pélvico.

Según Jairo Amaya, ginecólogo, profesor de la Universidad Nacional, estas pérdidas de orina pueden empezar durante el embarazo y continuar. Y aunque es una condición temporal, en muchos casos requiere intervenciones específicas para acelerar su mejoría.

Aunque controvertida, la menopausia, de acuerdo con la Sociedad Española de Urología, es una etapa que reúne varios factores que sumados pueden desencadenar IU. Los cambios hormonales y su suplencia, la edad, y la misma pérdida del tono muscular pueden provocar cambios en las posiciones de la vejiga que reducen la eficacia de todos los mecanismos encargados de mantenerla cerrada.

De igual forma, existen enfermedades como el párkinson, el alzhéimer, las alteraciones en la médula espinal o enfermedades degenerativas, daños cerebrales de cualquier origen que pueden desencadenar incontinencia al afectar la comunicación entre el cerebro y la vejiga.

Por su parte, el sobrepeso es una causa importante porque aumenta la presión sobre las estructuras pélvicas, lo que puede provocar escapes más o menos evidentes.

De igual forma, otras patologías como la diabetes, los infartos cerebrales, y en los hombres, las alteraciones en la próstata, benignas o malignas y sus tratamientos, actúan a favor de la IU.

Algunos estudios han demostrado que la mala comunicación entre el cerebro y la vejiga deriva en el desarrollo de la llamada vejiga hiperactiva, que siente la necesidad de orinar con mucha frecuencia, o de una vejiga hipoactiva, que presenta un vaciado inadecuado que favorece las pérdidas de líquido. En el caso de las infecciones urinarias, estas logran que la vejiga se vuelva hipersensible, de tal forma que así no esté llena, envía señales de urgencia incorrectas al cerebro, lo que puede causar que la persona se orine sin que alcance a llegar al sitio adecuado.

Capítulo aparte merece la llamada incontinencia urinaria producida por efecto secundario de algunos medicamentos y del consumo de algunas sustancias que, por su carácter diurético, aumentan la cantidad de orina o afectan los músculos o los nervios de la vejiga y que en algunos casos logran desbordar su capacidad o hacer que esta se relaje y expulse su contenido de manera involuntaria.

A este listado pertenecen antigripales, medicamentos para inducir sueño, diuréticos, cafeína, chocolate y el alcohol, que tiene un efecto diurético y hace que las personas embriagadas se orinen. Fuentes: Paula Delgado, fisioterapeuta especialista en incontinencia Urinaria del Hospital San Ignacio. Sociedad Española de Urología. Treatment for Urinary Incontinence, Elsevier Vol. 30. Núm. 5, págs. 265-338. Hay varias clases ^^^tt´fr?p°rí.ncom´,et=«=

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diagnostico es clínico, es decir, a través de un examen que hace el médico. También se Pueden realizar monitoreos de la frecuencia y el volumen urinario, como la realización de exámenes específicos para determinar las capacidades de la vejiga ´os residuos que en ella ´ puedan, además de imágenes y exámenes directos. Pero lo más importante es la información del paciente, porque ninguna fuga es normal. Toda persona con IU debe ser valorada por un especialista y de acuerdo con el tipo de alteración que presente, siempre se ebe buscar el manejo especifico de la causa, tn todos los casos se deben complementar estas intervenciones con medidas generales como el control de los ´ líquidos consumidos, la restricción de la cafeína y el alcohol, tratar la obesidad eliminar el estreñimiento, la tos crónica y evitar la ropa apretada. Sé debe consultar siempre que existan fugas que se prolonguen por más de dos semanas.

Esta condición se puede generar por esfuerzo, urgencia, rebosamiento o por la mezcla de esos factores. Foto: 123RF