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Zenú, una comunidad que teje su historia con caña flecha

Son cuatro los elementos del trenzado de caña flecha zenú: contraste, positivo-negativo, simetría y efecto óptico. Pero estos diseños son mucho más, ya que cuentan la historia de este pueblo indígena.

Bogotá D. C., 22 de marzo de 2013Agencia de Noticias UN-

El trenzado de caña flecha encierra la riqueza estética y simbólica del pueblo zenú.

Se registran más de 70 dibujos y pintas creados por los zenú.

El tejido de caña flecha es la principal actividad económica de los zenú. - Unimedios

Los zenú habitan un territorio ancestral y colectivo, dominado por ríos y sabanas de los departamentos de Córdoba y Sucre. Las comunidades se dividen en familias extensas nucleadas en torno a la casa paterna y las relaciones de compadrazgo son un mecanismo importante de cohesión social. En cuanto a su actividad productiva, viven de los cultivos de pancoger, la crianza de animales domésticos y, principalmente, del oficio de trabajar la caña flecha. 

Los zenú son los artesanos que a través de los años han transformado la caña flecha en objetos de altísima calidad estética como el sombrero “vueltiao” (que de un tiempo para acá es un símbolo por excelencia de la colombianidad), que a su vez han contribuido a configurar su propia identidad. 

La antropóloga de la Universidad Nacional de Colombia Lyda del Carmen Díaz, en su estudio Los dibujos en la caña flecha, símbolo de persistencia de la herencia cultural zenú, cita la investigación de Clemencia Plazas y Ana Fachetti para evidenciar la relación entre la actual cestería y los tejidos de fibras naturales con la tradición cerámica modelada pintada, practicada desde antes del siglo I y hasta el siglo X. 

Díaz asegura que varios dibujos de la decoración del sombrero “vueltiao”  proceden de los diseños elaborados con pintura roja sobre las vasijas globulares con cuello de Montelíbano y Vitoria. Se trata de líneas paralelas horizontales muy juntas, intercaladas con hileras de triángulos y rombos. 

En la actualidad, detalla Díaz, “los artesanos de caña flecha están distribuidos en los departamentos de Córdoba (5.169 productores) y Sucre (4.149 productores)”. Esta industria se organiza alrededor de pequeños productores que emplean la mano de obra familiar. Ella genera el principal ingreso de la población, aun cuando estos recursos no son suficientes para la subsistencia. 

El trenzado con caña flecha comprende varias especialidades, entre ellas la sombrerería. El objeto más sobresaliente es el sombrero zenú, conocido como vueltiao “porque –explica la antropóloga Díaz– se cose en espiral y el “ala” se voltea o dobla hacia arriba permitiendo lucir las pintas y dibujos del reverso del mismo”. 

Este arte consiste en alternar cintas de colores blanco y negro, llamadas ripias y pies, entre las que se delinean los dibujos y pintas que componen cada diseño, símbolos que identifican el trabajo de una familia o grupo. 

“Las trenzas más finas para elaborar el sombrero son de 23 a 29 pares de fibras (un pie tiene 2 ripias y la trenza 12 pies), lo cual indica que cada una de las trenzas tiene este número impar de tiras para hacer tejidos, haciéndolo más flexible, lo cual mide el grado de finura del sombrero, siendo la trenza quinciana (de 15 pies), la trenza tradicional”, sostiene. 

Este sombrero se deriva de la cestería, pues se construye a partir de la trenza cosida en espiral. Díaz relata este proceso: “El sombrero inicia con el plan (primer segmento de la parte superior), seguido de la plantilla (parte plana superior), a partir de la cual se le va dando forma a la encopadura o copa, donde van las cuatro vueltas con el dibujo que le confieren el carácter a la pieza; una vez se consiguen de cinco a siete vueltas, se empieza el ala o ruedo del sombrero. Se continúa con el fondo, seguido de los ruedos o ruedas que conforman el ala, en la que se intercalan dos trenzas pintadas, más cuatro trenzas negras y cuatro trenzas blancas. El borde se remata cosiéndole una trenza continua de color negro denominada ribete (…)”. 

Augusto Reyes, artesano de 63 años y quien teje desde los 7, le cuenta a la antropóloga que “las cuatro vueltas de la encopadura son las más difíciles ya que deben coincidir los dibujos parejitos; igualmente, la plantilla es mas trabajosa porque cuando “vueltiea”, donde empezó, debe terminar lineada, justo mitad y mitad, así se ve que todos los pliegues van derechitos, para que en el sombrero quede parada el ala, debe tener una medida estable, es decir, que quede cotejado”. 

El cotejado es la alineación de los dibujos en la copa del sombrero, característica que permite medir la destreza del artesano. 

El trenzado fue una actividad exclusivamente de las mujeres y la costura de los sombreros en principio la hacían los hombres a mano con fibra de maguey. Pero desde hace 70 años los hombres también participan en el arte del trenzado –en la actualidad todos los niños se inician en esta actividad, aunque sigue siendo predominantemente femenina– y hoy la costura se realiza con máquina de coser. 

Lo que cuentan los dibujos y pintas 

Los dibujos y pintas son patrones que los actuales zenú heredaron de sus antepasados, dando cuenta de sus orígenes. Díaz asegura que “se conservan más de 70 pintas y dibujos tradicionales con sus respectivos nombres”, los cuales se pueden agrupar entre series que representan animales, partes de animales, plantas y nombres de personas. 

“Entre los dibujos más conocidos encontramos la araña, el grillo, la mano de gato, patas de armadillo, ojitos de gallo, el peine, espiga de maíz sencilla, flor de limón, arroz, flechas, la mariposa, ojo de pescado, el abanico, piloncito, flor de cocorilla, y espina de pescado entre otros; y en las pintas, granito de arroz, granito de café, la letra M”, detalla la antropóloga. 

Los dibujos y pintas son mucho más que diseños, tienen una poderosa carga simbólica para este pueblo del norte colombiano. Ellos dan cuenta de la relación de los zenú con su entorno natural e inmortalizan sucesos que marcaron la vida de la comunidad. 

“La creatividad zenú no solo se presenta en los elementos técnicos de su tejido, sino también en los elementos sociales asociados a este oficio, ya que quien entrelaza las fibras, entrelaza la historia del zenú”, sostiene la investigadora. 

Y este es una historia que continúa. Díaz reseña que en la comunidad El Contento se continúan actualizando estas tradiciones, alentados por la experimentada tejedora de 19 pies Doris Montiel. Muestra de ello es que se crearon los dibujos de la morrocoya, del pecho de morrocoya y la mazorca, y se logró plasmar los elementos del trenzado en caña flecha en piezas textiles. 

Esta investigación se encuentra publicada en el libro Lenguaje creativo de etnias indígenas de Colombia, con el que el Grupo de Inversiones Suramericana S.A. y Suramericana S.A. rinden homenaje a las manifestaciones artísticas de los pueblos tradicionales de Colombia. 

(Por: Fin/AF/clc/sup
)
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