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Una copa de más y otras sustancias facilitan asaltos sexuales

El alcohol, las benzodiacepinas y las fenotiazinas favorecen los delitos sexuales. Así lo demuestra un estudio de caso con 53 víctimas en Bogotá. El 56,6 % de estas, en su mayoría mujeres, se encontraban bajo los efectos del licor, y el 13,2 % presentaban, adicionalmente, consumo de sustancias psicoactivas. Algunas de estas se hallan en medicamentos como xanax, valium y rivotril, que los delincuentes obtienen pese a los controles de venta.

, 12 de abril de 2015

El exceso de bebidas alcohólicas se convierte en terreno abonado para los delitos sexuales. foto: Catalina Torres/Unimedios

Jessica despertó desorientada, hacia las 2:30 de la mañana de un domingo, en un lote baldío de Hayuelos, al occidente de Bogotá. Con dificultad, logró levantarse y notó que no llevaba puesta toda su ropa. Su celular aún estaba en el bolso, pero se le dificultaba ver los números para llamar a sus amigas, con quienes se encontraba dos horas antes, en un reconocido bar de la zona.

En su recuerdo solo estaba el momento en el que, al lado de sus compañeras, aceptó un trago que muy amablemente le ofreció un desconocido. Dos bailes fueron suficientes para que su memoria se detuviera hasta que el frío capitalino la hizo despertar.

Esta auxiliar de enfermería no imaginó que un acto de cortesía la pusiera en riesgo a sus 23 años de vida. Sin embargo, gracias a su instinto, logró tomar un taxi que la trasladó a un centro de salud.

Allí supo que había sido violada y que en su bebida le habían puesto una dosis de benzodiacepina que la llevó a perder la memoria y la voluntad, y a formar parte de la estadística nacional, que en 2013 alcanzó 20.739 víctimas de delitos sexuales, de los cuales 3.554 sucedieron en Bogotá, según Medicina Legal.

El interés por casos como este llevó a Camilo Andrés Castellanos, médico y magíster en Toxicología de la UN, a vincularse al Grupo Élite de Delitos Sexuales (Gedes), en el que desarrolló su tesis titulada “Sustancias facilitadoras de asalto sexual en víctimas no fatales en Bogotá”.

Durante nueve meses (junio de 2013 a marzo 2014), 24 horas al día y siete días a la semana, estuvo alerta a las denuncias provenientes de centros asistenciales o unidades de medicina legal, en las que se sospechara del uso de sustancias.

Durante ese periodo, analizó 53 situaciones de asalto sexual, que representaron el 28 % del total registrado durante el tiempo de la investigación. Septiembre, con ocho casos, fue el mes de más alto índice.

La mayoría de eventos se presentaron después de actividades recreativas. El 92 % de las víctimas fueron mujeres entre 15 y 24 años, muchas de ellas laboralmente activas y con independencia económica, y otras, estudiantes que frecuentaban sitios públicos. 

Abuso y violación 

Según el médico Castellanos, los delitos sexuales se dividen en los abusivos y los de tipo violación. Estos últimos son los más predominantes, sobre todo durante los fines de semana.

“En este tipo de delito, no solo se habla de violencia física sino también de la violencia química que pone a la víctima en condiciones de sumisión y en un contexto de no voluntad”, explica el experto.

El estudio concluyó que el 56,6 % de los casos presentaron consumo de alcohol; el 13,2 %, de alcohol más sustancias psicoactivas; el 2 %, solo sustancias psicoactivas; y el 28 % restante no reportó consumo de ningún tipo.

Según el forense, la valoración tardía por el periodo de inconciencia y por la indecisión de las víctimas al momento de buscar las instituciones de salud hace que estas cifras no sean exactas.

A través de los relatos de las víctimas, impresos en formatos especiales avalados por el comité de ética de la un, con el consentimiento de ellas o de sus familiares, el investigador pudo acceder a información en la que la mayoría de personas afectadas afirmaron no recordar lo sucedido, despertar en lugares desconocidos y levantarse con la ropa mal puesta y con dolor en los genitales.

Esta información, exámenes físicos, antecedentes y pruebas de análisis clínicos fueron el insumo para su investigación.

Según el trabajo realizado, 3 de cada 10 personas acudieron a centros especializados 24 horas después del evento, situación que va en contra de la evidencia, pues a mayor tiempo, menores posibilidades de detectar sustancias asociadas al hecho delictivo. “El tiempo transcurrido y las nuevas sustancias para las que no hay técnicas de detección también dificultan el trabajo”, advierte el toxicólogo.

Los victimarios esperan que las sustancias suministradas lleven rápidamente a la inconsciencia y produzcan amnesia, de tal manera que al momento de la investigación se dificulte la identificación de los perpetradores.

El alcohol, las benzodiacepinas y fenotiazinas fueron las sustancias de las que se tuvo evidencia. Los dos últimos son medicamentos muy solubles, que se pueden conseguir en forma de pastillas o en gotas. 

Comercio sin fórmula 

Las benzodiacepinas son suministradas por el Estado, por lo cual la Dirección Nacional de Estupefacientes es la encargada de su distribución y comercialización. Según el investigador, los controles con fórmulas médicas y formatos especiales no garantizan que tales productos no lleguen a manos de la delincuencia. Las benzodiacepinas más comercializadas son xanax, valium, rivotril o ativán.

Por su parte, las fenotiazinas son más fáciles de conseguir, en la medida que no son medicamentos controlados y se utilizan en consulta externa y urgencias. Entre ellas se encuentran largactil y el sinogan.

En general, estos medicamentos tornan más lentas las funciones generales del cerebro y deprimen el sistema límbico (estructuras que dirigen las emociones y el comportamiento), la neocorteza, el cerebelo, los ganglios basales y el resto de zonas.

La burundanga (escopolamina), que produce amnesia y actúa específicamente sobre las funciones encargadas de la memoria, también fue considerada dentro del estudio. Esta, además, genera efectos como agitación, enrojecimiento, alucinaciones o psicosis, que no son muy llamativos para el victimario, pues son difíciles de controlar en las víctimas.

Una vez la sustancia ingresa al cuerpo, es eliminada rápidamente, lo cual dificulta su detección e impide hallar evidencia en la investigación.

María Dolores Sánchez, profesora de la Facultad de Medicina de la UN y médica forense, afirma que “no recordar nada” es el mejor discurso para cuando la víctima de delito sexual quiere ocultar algo.

“No ponemos en duda que la persona haya sido víctima, pero la manera como se pone en riesgo podría ser un evento vergonzoso que no está en capacidad de declarar. La infidelidad o la mentira pueden ser escenarios idóneos para que un agresor sexual cometa su delito, pero problemáticos para que la víctima explique lo sucedido”, asegura la forense, quien agrega que por tal razón las estadísticas son difíciles de manejar.

Como la primera sustancia facilitadora de un delito es el alcohol, cuando la persona reconoce que lo ha ingerido queda en condición de debilidad ante la sociedad, por lo cual tiene que superar traumas emocionales para tener la valentía de reconocer lo ocurrido.

(Por: Víctor Manuel Holguín, Unimedios Bogotá
)
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