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Salud

Estimulación modifica niveles de la hormona de estrés en niños con parálisis cerebral

El primer estudio de marcadores de estrés en niños con parálisis cerebral en el país abre una ventana importante para el estudio de marcadores en esta población y sus respuestas a la estimulación psicomotriz.

Bogotá D. C., 16 de diciembre de 2016Agencia de Noticias UN-

Este es el primer estudio de marcadores de estrés en niños con parálisis cerebral en el país.

Los resultados abren una ventana importante para estudios relacionados con estrés en estos niños teniendo en cuenta otros contextos y otras terapias (hidroterapia, equinoterapia, etc.).

El estudio evidenció cómo estos niveles pueden ser modificados por la estimulación motora según el grado de funcionalidad del niño.

La parálisis cerebral afecta el control y el movimiento del cuerpo generando alteraciones en el desplazamiento.

La parálisis cerebral es la primera causa de discapacidad infantil.

Los programas de rehabilitación motora son una de las múltiples herramientas que se utilizan para el desarrollo de habilidades motoras en niños con parálisis cerebral. Sin embargo, factores intrínsecos o extrínsecos pueden demorar el progreso de su desarrollo psicomotriz, a pesar de una alta frecuencia de las terapias.

Infortunadamente, aunque mucho se habla de los efectos negativos del estrés, no hay reportes sobre estos niveles en dicha población. Así lo destaca una investigación con 41 niños con parálisis cerebral, que además evidenció cómo pueden ser modificados estos niveles por la estimulación motora según el grado de funcionalidad del niño.

El análisis de los niveles de cortisol –considerada la hormona del estrés– y de la enzima alfa-amilasa (liberada en las glándulas parótidas), mostró que los niveles de cortisol eran significativamente más bajos luego de una intervención fisioterapéutica. Así lo concluyó la fisioterapeuta Luz Elena Durán, quien –en desarrollo de su maestría en Fisiología de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.)– se propuso reportar por primera vez en el país, los niveles de estos biomarcadores de estrés y destacar la posible utilidad de estos en la evaluación de estrategias terapéuticas en niños que padecen parálisis cerebral, primera causa de discapacidad infantil.

La parálisis cerebral afecta el control y el movimiento del cuerpo generando alteraciones en el desplazamiento, el equilibrio, la manipulación, el habla y la cognición de las personas que la padecen, limitando su desarrollo personal y su interacción social.

Los resultados de este estudio permiten tener un parámetro de referencia sobre los niveles basales de estos biomarcadores en niños con parálisis cerebral en comparación con niños saludables. Además dan a conocer otros aspectos relacionados con una intervención fisioterapéutica encaminada a mejorar las habilidades motoras, señala la investigadora, quien agrega que experimentos adelantados con modelos animales han demostrado que el estrés puede tener efecto en procesos vinculados con el aprendizaje y, eventualmente, futuras investigaciones podrán revelar si estos marcadores pueden o están estrechamente relacionados con la evolución clínica de estos niños.

Muestras de saliva

Para el estudio, la fisioterapeuta Durán trabajó con 86 niños entre seis meses y seis años de edad, 41 de ellos con parálisis cerebral y asistentes a dos centros de rehabilitación de referencia de la ciudad, especializados en el manejo de habilidades motoras en la capital del país.

La mayoría de los niños con parálisis cerebral tenía cuadriparesia espástica (trastorno del movimiento motor en las cuatro extremidades) y un 53,7 % presentó alto grado de dependencia funcional, según el Sistema de Clasificación de la Función Motora Gruesa (Gmfcs, por sus siglas en inglés).

Respecto a los antecedentes, el 66 % de los niños tuvo alguna complicación prenatal; el 78 % algún episodio de hipoxia (disminución en la cantidad de oxígeno suministrado por la sangre a los órganos), y en el 46,3 % (19 niños) se presentaron los dos eventos.

Los 45 niños restantes de la muestra conformaron el grupo de control, es decir que no presentaban la enfermedad. Estos fueron pareados con base en la edad, el género, el nivel socioeconómico y la hora de la toma de la muestra basal (saliva) de los niños con parálisis cerebral.

“El propósito era establecer relaciones con la población objeto y disminuir la influencia de otras variables no relacionadas con la patología, como estrés sicosocial o estilos de vida, entre otros”, menciona la fisióloga.

Los niveles de cortisol y alfa-amilasa en saliva se tomaron entre 20 y 30 minutos antes de iniciar la sesión de terapia física. “Después de cinco minutos se realizó la primera toma para los dos marcadores, y a los 20 minutos la segunda posintervención solo para cortisol”, especifica la magíster.

Respuesta al estrés

Luego del análisis en el laboratorio de los niveles de cortisol y alfa-amilasa, los datos mostraron que no hay diferencias entre los niños con parálisis cerebral y los niños sin esta condición de salud ni antes ni después de la sesión de terapia física, en los niveles de alfa-amilasa. Esto quiere decir que la vía relacionada con la respuesta rápida ante estímulos no se encuentra afectada en la mayoría de los niños estudiados. También puede significar que los niños están habituados o acostumbrados a la sesión de fisioterapia y por ello no es reconocida como algo estresante.

Otra conclusión del estudio es que los niños con parálisis cerebral tienen niveles de cortisol hasta casi cuatro veces más altos que los niños sin la afección, lo cual indica que algunos factores como prematurez y falta de oxígeno, entre otros, pudieron influir en la formación o maduración de estructuras relacionadas con el control de los niveles de estrés a largo plazo, las cuales también participan en la capacidad de recibir, procesar y enviar información hacia y desde el sistema nervioso central.

Así mismo, después de la sesión de terapia física se encontró una disminución en los niveles de cortisol respecto a los niveles previos a la terapia, lo que puede indicar posibles mecanismos compensatorios que facilitan el aprender o mejoran una tarea de tipo motor.

La profesora Zulma Dueñas, coordinadora de la investigación adelantada por Luz Elena Durán, resalta que los resultados del trabajo abren una ventana importante para estudios relacionados con estrés en estos niños teniendo en cuenta otros contextos y otras terapias (hidroterapia, equinoterapia, etc.). Además menciona que estos resultados no son concluyentes en lo que se refiere a si la presencia de los padres o cuidadores facilita el desarrollo de esta terapia en particular, tampoco dan información de manera particular ni de la población general con parálisis cerebral.

No obstante, aportes como el realizado por este trabajo con biomarcadores facilitaría el desarrollo de mediciones para saber en qué momento y cuáles serían las condiciones más apropiadas para el desarrollo de programa de rehabilitación en estos niños.

(Por: fin/HVC/dmh/LOF
)
N.° 85

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