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Colombia no está exenta de la amenaza sísmica

El occidente colombiano y la zona de las cordilleras, donde se ubica la capital del país, son las más vulnerables frente a un posible sismo. En la zona aledaña a Bogotá, la tierra ha aumentado su movimiento.

Bogotá D. C., 23 de marzo de 2010Agencia de Noticias UN–

Fotos: A. Felipe Castaño - Unimedios

La vulnerabilidad del país ante la amenaza sísmica se debe, entre otras cuestiones, a estar ubicado sobre cuatro placas tectónicas: la de Nazca, la de Cocos, la del Caribe (pertenecientes a la corteza oceánica) y la continental (de Suramérica). Sumado a ello, Colombia cuenta con una de las tres zonas de mayor sismicidad en el mundo: la Mesa de Los Santos, en Santander, después de Afganistán y Siberia.

De acuerdo con el profesor Ómar Agudelo, del Centro de Atención y Prevención de Desastres de la Universidad Nacional (Ceprevé), el país andino y costero es el más expuesto a riesgo de terremoto por las fallas que allí actúan.

Las fallas son una especie de herida o ruptura de la tierra sufrida en el pasado, aptas para que se libere la energía producto del movimiento o choque de placas en el subsuelo. Estas últimas, a su vez, son fragmentos de tierra o divisiones de la corteza que están en constante movimiento.

La parte occidental del país (Nariño, Cauca, Valle y Chocó) está sufriendo el mismo fenómeno de Chile, Perú y Ecuador se ven afectados por la subducción entre la placa de Nazca y la continental, de acuerdo con lo expresado por el geofísico Luis Alberto Briceño. “La gran placa oceánica (Nazca) se mete por debajo de la placa continental (Suramericana). En ese proceso se genera energía en las zonas de contacto, que se va acumulando poco a poco en las zonas de debilidad, en la gran cantidad de fallas que se producen o que ya existen”, sostuvo.

Bogotá en alerta

Uno de los puntos de mayor atención es la capital del país, por estar cerca de la falla del Piedemonte Llanero. Según el geólogo y profesor de la Universidad Nacional Thomas Cramer, las placas circundantes a Bogotá han aumentado su movimiento desde un tiempo atrás.

“Hay un gran número de fallas en el país, pero debemos observar más las del Piedemonte Llanero, pues la diferencia de topografía no es arbitraria, hay un rompimiento, un límite. Sobre eso deberíamos tener más datos, más estaciones”, enfatizó Briceño, quien considera necesaria la observación de muchos parámetros, como las variaciones de los campos eléctricos, deformaciones superficiales o el nivel del agua subterránea. Agregó que los rompimientos de la zona alcanzan más de 100 kilómetros, lo que podría determinar la magnitud de un sismo.

Sumado a ello, se habla de un silencio sísmico. El último gran terremoto sentido en la ciudad fue en 1917. Desde ese entonces, solo se han producido temblores de baja y mediana magnitud. Ello, de acuerdo con el geólogo Cramer, puede ser un indicio de que hay mayor energía acumulada en la tierra.

Lo más preocupante ante la posibilidad de un sismo en la capital es que cerca del 80% de las viviendas de la ciudad no cumplen con las normas de sismorresistencia, como lo expresó Ómar Cardona, miembro de la Asociación Colombiana de Ingeniería Sísmica y docente de la UN.

Y es que el 16% de la población colombiana vive en Bogotá. Como enfatizó el profesor Agudelo, son 8 millones de personas concentradas en una sabana, donde un alto porcentaje de lo construido no respeta códigos de sismorresistencia.

Si bien se ha avanzado bastante en materia de normatividad, y en este momento está próxima a salir una nueva actualización de la ley a la que solo le falta la firma presidencial, la tarea en el país empezó tarde, apenas en 1984. En ella se han basado gran parte de las nuevas edificaciones; sin embargo, no todas han acatado la norma. En la capital, afirmó el ingeniero Cardona, el 60% de las viviendas han sido construidas de manera informal, no por ingenieros, sino por oficiales de la construcción, los llamados “maestros”.

La Agencia Internacional de Cooperación del Japón (Jica), después de un estudio en el que colaboró el Ceprevé de la UN, realizado entre el 2000 y el 2003, encontró que buena parte de lo construido en Bogotá, con un sismo de epicentro cercano, que supere la magnitud de 7.5 grados sobre la escala de Richter, afectaría un 89% de las construcciones, causando desde fisuras hasta colapso de la edificación.

Por otra parte, un estudio de la Asociación Colombiana de Ingeniería Sísmica revela que con un terremoto de 7.6 grados sobre la escala de Richter se podría destruir entre el 10% y el 15% del valor de la ciudad. “En México, en 1985 se destruyó cerca del 5% del valor de la ciudad, y ello lo recordamos como uno de los fenómenos más brutales que ha ocurrido en una megaciudad”, dijo Cardona.

Con base en datos como éste, agregó el ingeniero, el Distrito está diseñando un Plan de Reconstrucción de la ciudad, en caso de terremoto. De igual manera, dijo que se ha venido haciendo un trabajo de reforzamiento de edificios públicos, en especial de hospitales y colegios.

Como lo sostuvo Briceño, aunque el momento de un sismo no puede predecirse, si se observan las deformaciones de la corteza, se encontrarían indicios. “Todos estos rompimientos tienen un proceso. Si uno pudiera estar cerca de donde se va a romper, se pudieran tener aproximaciones. El problema a veces es decir que no se puede y dejar de invertir dinero. Eso depende de cómo se mire el fenómeno”, argumentó.

Viviendas sismorresistentes

Para que una construcción sea considerada sismorresistente tiene que cumplir con tres condiciones: resistencia, disipación de energía (ductilidad) y estructura suficientemente rígida (que no se deje mover de forma demasiado flexible). La normatividad colombiana ha tomado el modelo de la estadounidense, adaptándola a las necesidades locales.

Es vital que la vivienda se construya de acuerdo con las condiciones del suelo, pues ello influye en la amplificación de la onda sísmica. Por ejemplo, si un terreno es muy blando, se aconseja construir casas de 1 ó 2 pisos, no muy altas. Si los suelos son rígidos lo ideal son construcciones altas, de varios pisos.

En el caso de los cerros de Bogotá, afirmó el ingeniero Cardona, hay varias casas de 1 ó 2 pisos, lo que las haría vulnerables, porque ese terreno es muy rígido. Por otra parte, en barrios como El Lago, entre la 76 y la 85 con 15, hay suelos muy blandos con edificios muy altos, que se verían afectados en caso de un posible sismo. El sur de Bogotá, agregó, de darse un terremoto con epicentro cercano, podría convertirse en una especie de Haití, después del sismo. La afectación mayor o menor de las zonas, aclaró Cardona, dependería de lo lejano o cercano que sea el fenómeno.

En el momento en que suceda un terremoto es importante salir a un lugar despejado, sin muchos postes o cables. Si no existe un sitio de estas características, lo mejor es permanecer en casa, refugiado bajo una estructura resistente. Si la persona se encuentra en un piso alto, es preferible que no salga, para no correr el riesgo de sufrir daños mayores. Como lo expresó el profesor Agudelo, los padres deben hacer la tarea de preparar a sus hijos, por si están solos en un evento como este.

(Por: Fin/mpt/csm
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